Todo comenzó como una verificación rutinaria de la calidad de los datos. Pero cuando Robert Wagner, científico de la misión del Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO, por sus siglas en inglés) de la NASA, examinaba un mapa gigante de la Luna en la pantalla de su computadora, le llamó la atención una mancha brillante inusualmente grande rodeada por un halo oscuro, ya que eso sugería que el material de la superficie de esa zona había sido sacudido.
“Simplemente me detuve, dejé todo lo que estaba haciendo y comencé a investigar qué era aquella mancha”, dijo Wagner, especialista en procesamiento de imágenes de la empresa Intuitive Machines que trabaja con datos de la Cámara del Orbitador de Reconocimiento Lunar (LROC, por sus siglas en inglés), un sistema compuesto por tres cámaras.
Al comparar las imágenes de la Luna tomadas antes y después, Wagner se dio cuenta de que había descubierto el cráter recién formado más grande que se haya encontrado en el sistema solar, tal como informaron los investigadores el 16 de septiembre en la revista científica Science Advances. Este descubrimiento pone de relieve el valor de los datos obtenidos por el orbitador lunar de la NASA para estudiar este paisaje dinámico, a medida que la agencia avanza hacia una presencia humana sostenida y una mayor actividad científica y comercial en la Luna.

El cráter, oficialmente llamado McGetchin en honor al pionero de la ciencia lunar Tom McGetchin, se formó en el borde oriental de la Luna en algún momento entre el 11 de abril y el 22 de mayo de 2024, tras el impacto de un cometa o asteroide del tamaño de un edificio de entre tres y seis pisos contra su superficie.
El choque dejó un cráter de 222 metros (728 pies) de ancho, una extensión equivalente a la longitud de dos campos de fútbol americano. Con una profundidad de 43 metros (141 pies), el cráter podría contener tres autobuses escolares amarillos apilados verticalmente.
Los científicos estiman que un impacto de esta magnitud ocurre en la Luna aproximadamente una vez por siglo, o incluso con menor frecuencia.
La Luna recibe algunos impactos
Durante más de 17 años, LRO ha estado orbitando la Luna y utilizando sus siete instrumentos para cartografiar la topografía, la composición de la superficie, la temperatura y el entorno de radiación de este satélite natural. El equipo de la sonda espacial ha identificado al menos 1.000 nuevos cráteres de impacto a lo largo de la misión y ha detectado otros 100.000 cambios en la superficie ocasionados por el choque de objetos contra la Luna o por los escombros expulsados tras esos impactos.
Al no haber atmósfera que los queme o los consuma, las rocas espaciales y otros objetos llegan fácilmente a la superficie lunar. La mayoría son mucho más pequeños que el objeto que formó el cráter McGetchin. Los cráteres más pequeños que los científicos pueden distinguir a partir de las imágenes de LRO tienen unos 9 metros (30 pies) de diámetro, el equivalente a la longitud de un edificio de tres pisos tumbado de lado, y fueron creados por rocas de casi 1 metro (43 pulgadas) de ancho, un diámetro similar al del neumático de un monster truck (camión monstruo). Los científicos estiman que los impactos de esta magnitud producen alrededor de 140 cráteres nuevos en la Luna cada año. Sin embargo, la mayoría de los cráteres recientes son producidos por proyectiles microscópicos que dejan agujeros demasiado pequeños para ser identificados en las imágenes orbitales.
Gracias a sus numerosos instrumentos, el orbitador puede observar cambios en la superficie lunar que no son evidentes solo con las imágenes de LROC. Después del descubrimiento del cráter, los científicos que trabajan con el instrumento térmico de LRO, llamado Diviner, hicieron observaciones de seguimiento del lugar. Hallaron un área de 6,4 kilómetros (4 millas) de ancho alrededor del cráter que durante la noche registra una temperatura casi 9 grados Celsius (16 grados Fahrenheit) más baja que la de su entorno.

En un segundo artículo publicado el 16 de septiembre en la misma revista, los investigadores señalan que el enfriamiento ocurre porque el impacto esponja el regolito alrededor del cráter, haciéndolo menos compacto y, por lo tanto, menos capaz de retener calor.
La gran extensión de esta “zona fría” resulta sorprendente, según los científicos, porque muestra que los impactos pueden modificar la superficie de la Luna mucho más allá del cráter mismo. Estos cambios físicos podrían afectar, por ejemplo, la forma en que las ruedas de los vehículos exploradores interactúan con la superficie.











