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Cráteres lunares

En la Luna, donde no hay agua líquida ni viento, durante miles de millones de años se ha conservado evidencia de la historia de los impactos en nuestro sistema solar. Los cráteres en la Luna son las marcas que deja el universo a su paso: un libro de visitas cósmico.

Una vista aérea del cráter Copérnico muestra crestas y acantilados que se extienden hasta un horizonte oscuro.

¿Qué son los cráteres lunares?

Los cráteres de impacto lunares son las depresiones que deja la colisión de un asteroide, meteoroide o cometa contra la Luna. Aunque los cráteres son visibles en diversos cuerpos celestes del sistema solar, los cráteres lunares son especiales porque podemos verlos de cerca; además, la relativa falta de erosión y de otros procesos en la superficie de la Luna permite que se conserven en buen estado.

Los cráteres lunares nos fascinan porque son un registro del proceso que construyó y dio forma a todo nuestro sistema solar; son las huellas dactilares de la historia impresas en la superficie lunar.

Los cráteres plagan el Polo Norte de la Luna, y los más grandes crean grandes fosas de color gris oscuro. Los colores más oscuros se encuentran en los polos, ya que hay menos luz solar que los ilumina. Cuanto más te alejas de los polos hacia el borde de la imagen capturada, más clara se vuelve.
El Polo Norte lunar, captado por la Cámara del Orbitador de Reconocimiento Lunar (LROC), salpicado de cráteres resaltados por un marcado contraste de luz solar y sombra.
NASA/GSFC/Universidad Estatal de Arizona

¿Por qué la Luna tiene cráteres?

Los sistemas solares se forman mediante colisiones. Diminutas partículas de polvo chocan y se van adhiriendo entre sí, transformándose gradualmente por acumulación en guijarros, grandes rocas y planetoides, hasta que finalmente se convierten en planetas. Los fragmentos y restos que quedan de este proceso todavía persisten en forma de objetos rocosos y congelados que pueblan diversas regiones de nuestro sistema solar, como el cinturón de asteroides, el cinturón de Kuiper y la nube de Oort.

Una simulación por supercomputadora muestra un cuerpo celeste del tamaño de Marte estrellándose contra la Tierra. Este sería un posible escenario de la formación de nuestra Luna en los inicios de la historia del sistema solar.
Centro de Investigación Ames de la NASA

Las colisiones continúan incluso hoy en día, y los cuerpos celestes del sistema solar son bombardeados periódicamente por estos restos. Los meteoroides, asteroides y cometas que quedan orbitando alrededor del Sol son atraídos ocasionalmente por la fuerza gravitacional de sus vecinos de mayor tamaño. En la Tierra, la erosión y la tectónica de placas van borrando lentamente las huellas de estos impactos. Pero cuando miramos al cielo, los cráteres de la Luna nos dan una demostración visual del caótico proceso que dio origen a nuestro planeta.

Un cráter con un suelo monticulado y estrías de material arrojado que irradian desde el centro del cráter.
En esta impactante imagen del cráter lunar Giordano Bruno, captada por el Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO), se evidencia la altura y la nitidez de su borde. Estas características indican que Giordano Bruno es un cráter joven, aunque se desconoce su edad exacta. Los conteos recientes de cráteres sugieren que se habría formado hasta 10 millones de años atrás.
NASA/GSFC/Universidad Estatal de Arizona
Enorme cráter redondo, con evidencia de erosión alrededor de su borde.
El cráter del meteoro en Arizona es un cráter joven —con apenas 50.000 años de antigüedad— que se conserva en buen estado gracias al clima árido de la meseta del Colorado.
USGS

Tipos de cráteres

Cráteres simples

Es lo que la gente dibujaría típicamente si se le pidiera que dibujara un cráter. Tienen un aspecto liso y forma de cuenco, con el fondo redondeado. Los cráteres lunares simples tienden a ser pequeños, con un diámetro no mayor de entre 10 y 15 kilómetros (6 a 9 millas).

Cráteres complejos

Son más grandes que los cráteres simples y tienen características como picos centrales, terrazas y fondos planos. En la Luna, los cráteres complejos suelen tener alrededor de 15 kilómetros (nueve millas) o más de diámetro. (En la Tierra, se forman de un tamaño mucho más pequeño debido a la gravedad más fuerte de nuestro planeta).

Cuencas

Las cuencas son enormes cráteres lunares de más de 300 kilómetros (186 millas) de diámetro. Las muestras lunares sugieren que la mayoría de las grandes cuencas de la Luna se formaron hace unos 3.900 millones de años, en un período aún misterioso conocido como el bombardeo intenso tardío. Con el tiempo, muchas cuencas se llenaron de magma, creando los oscuros “mares” lunares de basalto que podemos observar a simple vista desde la Tierra. Existen más de 40 cuencas de impacto en la Luna, las cuales juegan un papel importante en su geología. Los impactos que originaron estas cuencas fueron lo suficientemente intensos no solo para fundir la roca, sino también para influir en los flujos volcánicos provenientes del manto de la Luna.

Una imagen en blanco y negro de cráteres superpuestos. Dos cráteres significativamente grandes se superponen a la izquierda de la imagen y están plagados de numerosos cráteres más pequeños. El lado derecho de la imagen está en la sombra y es de color negro.
Esta imagen de la sonda Orbitador Lunar 1 muestra la cuenca de Korolev en el lado lejano de la Luna. Esta cuenca tiene un diámetro aproximado de 440 kilómetros (273 millas) y es el cráter más grande de la imagen, a la izquierda y ligeramente por encima del centro. Adyacente a Korolev, en la posición horaria cercana a las 5:00 se encuentra el cráter Galois y en la posición de las 6:30 está el cráter Doppler, de menor tamaño. El borde de la cuenca de Aitken en el Polo Sur es visible de modo muy tenue, y se extiende justo por debajo de estos cráteres.
NASA
Vista detallada de la superficie lunar con muchos cráteres. En el centro, un gran cráter tiene un suelo oscuro y con manchas.
La cuenca Orientale es la más joven de las grandes cuencas lunares; se cree que se formó hace unos 3.800 millones de años. Su característico anillo exterior mide unos 950 kilómetros (590 millas) de este a oeste.
NASA/GSFC/Universidad Estatal de Arizona

Cómo se forman los cráteres

Un cráter lunar se forma cuando un asteroide, meteoroide o cometa, los cuales típicamente se desplazan a una velocidad superior a la del sonido, se precipita contra la superficie de la Luna. La energía del objeto —determinada por su tamaño, densidad y velocidad—, así como el tipo de superficie y el ángulo del impacto, influyen en el tipo de cráter que se forma durante este impacto explosivo.

La superficie de la Luna en tonos de gris y negro, un paisaje ondulado, con subidas y bajadas, marcado por cráteres en profunda sombra. El paisaje se ve un poco desde un lado en lugar de directamente desde arriba.
Las sustancias químicas halladas en el hielo superficial del cráter Cabeus, cerca del polo sur de la Luna, indican que este cráter probablemente fue formado por un cometa.
NASA/GSFC/Universidad Estatal de Arizona

La formación de cráteres tiene dos fases: la excavación, cuando se forma el agujero inicial en el terreno, y la modificación, cuando las ondas de choque y sus secuelas afectan toda la zona alrededor del impacto, ocasionando la deformación y el colapso del terreno. Los cráteres de mayor tamaño son relativamente poco profundos en relación con su diámetro debido a la modificación, mientras que los cráteres más pequeños conservan su forma original de tazón más profundo.

Un cráter casi perfectamente redondo con material eyectado irradiando hacia afuera y un círculo redondo de escombros en el centro.
Lichtenberg B es un cráter de impacto simple magníficamente conservado, situado al noroeste de la meseta de Aristarchus en el Oceanus Procellarum.
NASA/GSFC/Universidad Estatal de Arizona

Cuando un objeto impactante entra en contacto con la superficie de la Luna, comprime, pulveriza y vaporiza la roca subyacente. Luego, ese material rebota y la energía liberada por la descompresión de la roca propaga ondas de choque hacia el exterior a través de la superficie, fundiendo parte de la roca si la presión alcanza la magnitud suficiente. El material es expulsado hacia arriba y hacia afuera. Esta lluvia de roca pulverizada se denomina “material arrojado”.

Esta animación muestra la formación de un cráter simple. Tras el impacto, una onda de choque se propaga por la corteza y la comprime hacia abajo. El material de la corteza fluye hacia abajo, y luego hacia arriba y hacia afuera, lo que produce una lluvia de material arrojado que se dispersa a lo largo del cráter y fuera de él. Los cráteres simples, a diferencia de los cráteres complejos, conservan una profundidad relativa y tienen una forma básica de cuenco y cono. Esta animación es representativa y no refleja una escala de tiempo exacta.
NASA/Vi Nguyen; Original: Ross W.K. Potter/Centro de Ciencia y Exploración Lunar/Instituto Lunar y Planetario
En una superficie lunar gris, una formación que se asemeja a un surco o canal discurre entre rocas y escombros.
Desde el borde del cráter Lichtenberg B, el material fundido por el impacto fluyó y formó un canal, apartando grandes rocas en el proceso.
NASA/GSFC/Universidad Estatal de Arizona

Parte del material arrojado puede ser lo suficientemente grande como para producir cráteres secundarios al estrellarse de nuevo contra la superficie; estos cráteres más pequeños se verán posteriormente como cadenas o conglomerados de cráteres que apuntan hacia el cráter principal. La mayor parte del material expulsado se dispersa por los alrededores del cráter, acumulándose de manera más densa y uniforme en las zonas más cercanas al cráter. Las columnas de material arrojado que vuelve a depositarse en la superficie forman las brillantes marcas radiales que se extienden desde muchos de los cráteres de la Luna. Asimismo, una parte del material arrojado puede incluso llegar a la órbita, tal como lo demuestran los meteoritos lunares hallados en la Tierra.

Superficie de la Luna con el cráter Copérnico, de 93 kilómetros de diámetro, a lo lejos.
Cadenas y conglomerados de cráteres secundarios llevan de nuevo al cráter Copernicus, visible a lo lejos. Estos cráteres fueron producidos por el material expulsado durante la formación de Copernicus.
Instituto Lunar y Planetario

Cuando la energía del impacto es lo suficientemente intensa, el material que rebota deja de comportarse como un sólido y actúa como un líquido. Al igual que el rebote de una gota de agua al caer en un charco, la roca con ese comportamiento fluido puede formar un pico en el centro del cráter, que se eleva y luego colapsa. A medida que el rebote va formando ese pico central, el material del borde del cráter se precipita hacia el interior para ocupar el espacio que ha quedado vacío repentinamente. Grandes bloques de roca comienzan a fracturarse y desplomarse hacia el interior, ampliando así el diámetro del cráter y creando estructuras escalonadas conocidas como terrazas. Si el objeto impactante tiene aún más energía, pueden formarse conglomerados o incluso anillos de picos a medida que el material central del cráter se eleva y de nuevo es atraído hacia abajo por la gravedad.

Este modelo muestra la formación de un cráter complejo. Inicialmente, se excava una cavidad en forma de cuenco, pero a medida que la corteza rebota, se forma un pico central en cuestión de minutos. Las paredes del cráter colapsan y forman terrazas por influencia de la gravedad, dando como resultado un cráter menos profundo y más ancho que un cráter simple. Esta animación es representativa y no refleja una escala de tiempo exacta.
NASA/Vi Nguyen; Original: Ross W.K. Potter/Centro de Ciencia y Exploración Lunar/Instituto Lunar y Planetario

La roca de la superficie del cráter se asienta y se enfría, formando una capa de algo llamado brecha lunar, un tipo de roca ígnea formada por fragmentos gruesos, angulares y desmenuzados de rocas más antiguas unidas por roca fundida. Debajo de eso, el lecho de roca se habrá fracturado y las grietas acabarán reduciéndose a medida que se hunden profundamente en la corteza.

Un remolino (o espiral) gigante de material fundido por impacto se formó en sentido horario en el interior del cráter Giordano Bruno, creando una de las mayores acumulaciones de este material.
Un remolino (o espiral) gigante de material fundido por impacto se formó en sentido horario en el interior del cráter Giordano Bruno, creando una de las mayores acumulaciones de este material.
NASA/GSFC/ASU
Una roca gris, de forma irregular, con granos visibles de varios tamaños, que varían en color desde muy oscuro hasta casi blanco.
Esta muestra cortada con sierra de las misiones Apolo es una brecha lunar, típica del material arrojado de grandes cuencas.
NASA

Cómo se forman las cuencas

Las cuencas lunares son, básicamente, cráteres gigantes: el resultado de impactos que transforman mundos. Podría decirse que las rocas espaciales que crearon las cuencas de la Luna son las principales responsables —más que cualquier otro factor— tanto del aspecto de la Luna que vemos en el cielo como de gran parte de su geología.

Imagen en gris y blanco de la superficie de la Luna, llena de cráteres y hoyos. Los cráteres rodean un área circular relativamente inalterada.
La cuenca de Nectaris tiene un diámetro de 860 kilómetros (534 millas) y se formó hace unos 3.800 o 3.900 millones de años.
Orbitador de Reconocimiento Lunar

Los “mares” lunares —esas manchas que, según la imaginación popular, forman rostros y figuras en la superficie de la Luna— son depósitos gigantes de basalto. Esta roca ígnea se formó a partir del magma que brotaba a través de las grietas de la corteza, las cuales se abrieron después de que los objetos impactantes excavaron dichas cuencas en la superficie lunar.

Cuando se forma una cuenca, el cráter inicial desaparece debido a las violentas secuelas. El impacto no solo deforma la corteza (gris claro) sino también el manto (gris oscuro), haciendo que el material del manto ascienda hacia la superficie. Los picos centrales que se forman son inestables y colapsan, al igual que las paredes del cráter, mientras que la mayor parte del material desplazado por la excavación se distribuye fuera del cráter. Esta animación es representativa y no refleja una escala de tiempo exacta.
NASA/Vi Nguyen; Original: Ross W.K. Potter/Centro de Ciencia y Exploración Lunar/Instituto Lunar y Planetario

Las cuencas se definen como aquellas formaciones que tienen más de 300 kilómetros (186 millas) de diámetro. Pueden llegar a ser varias veces más grandes que la excavación del cráter inicial, expandiéndose a medida que el terreno a su alrededor es destruido y remodelado por las fuerzas generadas por el impacto. Se estima que la cuenca más grande de la Luna, la cuenca de Aitken en el Polo Sur, tiene un tamaño cuatro veces mayor que su excavación inicial.

Durante la formación de la cuenca, el impacto inicial y su rebote desplazan y funden tal cantidad de material que toda el área pierde su estabilidad estructural, ocasionando la formación de fallas en el terreno circundante y el colapso de las paredes del cráter hacia el interior, arrastrando consigo material de una región más amplia. El cráter de impacto inicial desaparece, borrado por la intensidad de las secuelas.

Algunas cuencas están rodeadas de varios anillos. El proceso de formación de los anillos aún está en estudio, pero los científicos sospechan que estos son el resultado de una combinación de fallas y del ascenso y colapso de los picos que se forman durante el impacto.

La cuenca de Schrödinger es una gran formación por impacto situada en el lado lejano de la Luna, cerca de la región del Polo Sur. Esta visualización aérea de la cuenca de Schrödinger muestra el ciclo de luz solar y sombra que hace resaltar el anillo de picos interior y el borde exterior.
Estudio de Visualización Científica de la NASA

Otra característica clave de las cuencas son los suelos lisos formados por la acumulación de roca fundida, o “masa fundida por impacto”. Cuando se forma un cráter típico, el material fundido durante el impacto puede dispersarse y ser expulsado fuera del cráter como material arrojado. Esta masa fundida por impacto puede ser visible en la superficie, fluyendo por las laderas del cráter o cubriendo diversas formaciones. También puede hallarse en las brechas en forma de diminutos fragmentos.

Una imagen de dos paneles. El panel izquierdo muestra la cuenca en tonos de verde, amarillo y rojo oscuro. El verde se encuentra principalmente en el centro de la cuenca, mientras que el amarillo la rodea y llena los cráteres cercanos. El rojo está más allá de eso. El panel derecho muestra un paisaje lunar gris con un suelo liso salpicado de cráteres de la misma zona. Ambas imágenes están marcadas con círculos de líneas discontinuas grises y negras, ligeramente desfasados entre sí, en el centro de las imágenes.
No todas las cuencas lunares son evidentes. Estos mapas, elaborados con datos del Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO) muestran la ubicación de la cuenca Nubium, la cual se ha ido erosionando con el paso del tiempo. El mapa con código de colores de la izquierda ayuda a visualizar Nubium gracias a una ligera depresión que se aprecia fácilmente en el mapa topográfico. Al sureste, se pueden identificar partes de una estructura de borde, lo que sugiere la presencia de una cuenca con un diámetro de unos 675 kilómetros (419 millas) (línea discontinua negra); esta cifra coincide con estimaciones previas de 690 kilómetros (428 millas) (línea discontinua gris). El modelo de la derecha destaca el fondo liso de Nubium.
NASA/GSFC/Universidad Estatal de Arizona/DLR

Al formarse una cuenca, parte del material fundido también se dispersa, pero la profundidad de la fusión es tan grande —desde unos pocos kilómetros hasta decenas de kilómetros de profundidad— que una cantidad considerable permanece en el interior de la cuenca. En el caso de la gigantesca cuenca de Aitken en el Polo Sur, se cree que la capa solidificada de masa fundida por impacto tiene un espesor de 50 kilómetros (31 millas).

El enfriamiento de acumulaciones tan profundas de roca fundida puede tardar millones de años, y durante ese tiempo cualquier nuevo objeto impactante chocará contra una corteza delgada dispuesta sobre una gruesa capa de roca fundida, sin dejar cráteres y haciendo que la zona parezca joven para los observadores. A medida que estas capas de roca fundida se enfrían y se cristalizan, van contrayéndose, creando depresiones en el centro de las cuencas. Estas depresiones pueden permanecer visibles incluso después de quedar cubiertas por depósitos de basalto provenientes de flujos volcánicos posteriores.

El suelo relativamente plano y plagado de cráteres de una cuenca con montañas a la izquierda. Las fisuras parecen alejarse de los picos, irradiando hacia la izquierda de la imagen.
Se cree que esta parte del interior de la cuenca Orientale contiene una gran proporción de material fundido por las presiones de choque extremas del impacto que originó la cuenca, y las grietas que se observan aquí podrían haberse formado a medida que el material caliente, que cubre la topografía subyacente, se enfriaba y se contraía.
NASA/GSFC/Universidad Estatal de Arizona

Redacción: Tracy Vogel
Asesores científicos: Daniel P. Moriarty (Universidad de Maryland en College Park), Natalie M. Curran (Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA)