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Microbios relacionados con el ser humano podrían sobrevivir en el Polo Sur de la Luna, revela la NASA

La Luna, de color marrón grisáceo y llena de cráteres, domina el encuadre contra el espacio negro, con una Tierra en fase creciente parcialmente iluminada que se oculta detrás de su borde superior izquierdo.
Esta imagen fue tomada por un astronauta de Artemis II desde la cápsula Orion en abril de 2026, mientras la nave espacial pasaba junto a la Luna en su viaje de casi 10 días. La Luna, de color marrón grisáceo y llena de cráteres, domina el encuadre contra el espacio negro, con una Tierra en fase creciente parcialmente iluminada que se oculta detrás de su borde superior izquierdo.
NASA

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Algunos de los microbios terrestres que probablemente viajen al espacio con los exploradores humanos podrían sobrevivir en los rincones y grietas a la sombra en la región del Polo Sur de la Luna, dicen científicos de la NASA.

Estos hallazgos, publicados el 13 de agosto en la revista científica Science Advances, subrayan la necesidad de comprender mejor la persistencia microbiana en entornos lunares extremos. A medida que los seres humanos establecen una presencia permanente en la Luna, podría resultar difícil distinguir la química lunar ancestral de la contaminación introducida por los astronautas visitantes. Según los autores del estudio, esta preocupación se extiende más allá de la Luna y llega también a Marte.

“Los seres humanos son exploradores por naturaleza, y con ellos llegan sus voces, sus recuerdos... y sus microbios”, dijo Prabal Saxena, científico planetario del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland, que dirigió el estudio. “Para algunos científicos, incluyéndome, esa realidad puede resultar inquietante. Pero también ofrece la oportunidad de convertir una situación imperfecta en un experimento útil”.

Es inevitable transportar microbios: por ejemplo, en un área de la piel del tamaño del borrador de un lápiz, los seres humanos tenemos un promedio de un millón de bacterias. Estas bacterias se liberan de los trajes espaciales y los hábitats. Aunque a los autores del estudio les preocupa que la contaminación interfiera con la búsqueda de señales químicas de una geología o biología antiguas, también argumentan que la Luna debería ser utilizada como un laboratorio natural. En las zonas en sombra cercanas a la región del Polo Sur, los científicos podrían poner a prueba, de forma controlada, los límites reales de la supervivencia microbiana en un entorno que no se puede reproducir fácilmente en la Tierra.

El programa Apolo llevó a seis parejas de astronautas a la Luna entre 1969 y 1972. Los seis lugares de aterrizaje se encuentran cerca del ecuador lunar. En esta visualización, se comparan los sitios de las misiones Apolo con el Polo Sur, una región con un enorme potencial para la exploración futura. El tiempo pasa a medida que nos acercamos al cráter Shackleton en el Polo Sur, revelando condiciones de iluminación muy diferentes a las que se encuentran cerca del ecuador. Aunque muchos cráteres se mantienen en sombra permanente, algunas montañas y crestas cercanas están expuestas a una luz solar persistente, lo que las convierte en sitios candidatos atractivos para la generación de energía solar y la ocupación a largo plazo.
Estudio de Visualización Científica de la NASA/Ernie Wright

Antes de que poder llevar a cabo estudios científicos de superficie, los investigadores necesitan una medición de referencia de los contaminantes que transportan los seres humanos, señalan los autores.

“Necesitamos entender qué había allí antes de nuestra llegada, porque cuando vayamos a Marte en busca de señales de vida más allá de nuestro planeta, vamos a querer asegurarnos de que no se trate de elementos que nosotros mismos hayamos llevado”, dijo Andrew Needham, un científico especializado en el control de contaminación de muestras lunares del programa Artemis en el centro Goddard.

Incluso con procedimientos de esterilización estrictos, algunos organismos son obstinadamente resistentes. Un buen ejemplo es el Aspergillus niger, un hongo que prospera en lugares cálidos y húmedos, como los baños domésticos y los sistemas de calefacción, ventilación y aire acondicionado. Los astronautas han tomado muestras de este hongo en el interior de la Estación Espacial Internacional, y los experimentos demuestran que el hongo también puede sobrevivir fuera de la estación. El Aspergillus niger fue uno de los cinco microorganismos seleccionados para este estudio, entre bacterias y hongos, debido a su conocida resistencia en entornos de vuelos espaciales.

A los científicos les sorprendió que los microbios sobrevivieran en el exterior de la estación espacial. Estas especies no se consideran típicamente “extremófilas”, capaces de resistir condiciones hostiles como el vacío del espacio, según Aaron Regberg, geomicrobiólogo del Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston.

“Habría esperado que estos microbios se hubieran secado”, dijo Regberg, quien estudia las bacterias de la estación espacial y es coautor del artículo científico.

Una astronauta lleva a cabo trabajos científicos a bordo de la Estación Espacial Internacional, flotando en microgravedad y rodeada de equipos y herramientas de investigación.
La astronauta de la NASA Kate Rubins recolecta microbios en el Módulo Experimental Japonés a bordo de la Estación Espacial Internacional, el 14 de octubre de 2016.
JAXA/Takuya Onishi

Señaló que la NASA suele someter las naves espaciales robóticas a temperaturas superiores a los 204 grados Celsius (400 grados Fahrenheit) para reducir la cantidad de organismos vivos en ellas. Pero eso no es posible con los astronautas, por lo que las preocupaciones sobre la contaminación adquieren una nueva dimensión en la exploración tripulada del entorno del Polo Sur de la Luna.

Para tener una idea más clara de dónde podrían sobrevivir los microbios, es necesario comprender cómo se comporta la luz solar en los polos. La supervivencia en este estudio significa que el microbio puede mantenerse con vida durante al menos un día terrestre, lo cual no significa que pueda crecer y reproducirse.

Debido a que la inclinación del eje de la Luna es muy leve, la vista del Sol desde sus polos parece mantenerse justo por encima del horizonte, rozando la superficie como lo haría una linterna apoyada sobre una mesa.

Como consecuencia, las partes elevadas de la superficie, como las crestas de los cráteres, las montañas e incluso las pequeñas protuberancias, impiden que la luz llegue a los terrenos más bajos. Esto produce zonas de sombra que pueden mantenerse frías y conservar el agua, además de proteger de la radiación letal a las moléculas frágiles y los posibles microorganismos.

Teniendo en cuenta ese contexto científico, el equipo se propuso determinar qué microbios de la Tierra podrían sobrevivir a condiciones polares extremas. Se centraron en organismos que se encuentran comúnmente en los entornos de vuelos espaciales y en aquellos que son comunes en la piel humana. Además del Aspergillus niger, el estudio incluyó los siguientes: Bacillus subtilis, Staphylococcus aureus, Deinococcus radiodurans y varias especies de Fusarium. A partir del análisis de estudios anteriores, los científicos determinaron la cantidad máxima de calor y radiación ultravioleta (UV) que cada uno de esos organismos puede soportar.

A continuación, los organismos fueron sometidos a pruebas en las simulaciones de tres regiones cercanas al Polo Sur lunar: el borde del cráter Nobile, la Cresta de Conexión y el borde del cráter De Gerlache. Dichas simulaciones utilizaron mapas ambientales detallados, elaborados a partir de datos de elevación y temperatura recopilados por los instrumentos a bordo del Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA, combinados con modelos de cómo incide la radiación en la superficie.

Los modelos mostraron mapas de “nichos de supervivencia” que varían en tamaño, desde el fondo de un cráter de varios kilómetros de ancho hasta la huella de la bota de un astronauta. El Aspergillus niger, que resultó ser el más resistente a la radiación UV, logró sobrevivir incluso en zonas expuestas a cierta cantidad de luz solar. La radiación UV es tan letal para la mayoría de los microbios que se utiliza para la esterilización en hospitales.

“Cuando pensamos en la Luna, no es típico pensar en la biología”, dijo Heather Graham, coautora del estudio y científica del centro Goddard de la NASA, quien colabora en el desarrollo de herramientas y técnicas para detectar formas de vida que podrían no parecerse en nada a las de la Tierra. “Pero la Luna es un lugar donde una célula puede sobrevivir; por ello, nuestra primera exploración de estos sitios debe prestar especial atención a los microbios que viajan como polizones con nosotros y esforzarse por caracterizar la química lunar antes de que nuestras visitas alteren aquello que encontremos”.

Los autores señalan que, si bien algunos microbios pueden sobrevivir en estado latente en regiones cercanas al Polo Sur y, por lo tanto, inducir a errores en futuras investigaciones científicas, no existe evidencia de que la Luna posea los ingredientes clave para sustentar el crecimiento y la replicación, como el agua líquida, cuya presencia generalmente requiere una atmósfera y temperaturas moderadas.

Para obtener más información (en inglés), visita el sitio web:

https://science.nasa.gov/astrobiology

Por Lonnie Shekhtman
Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, Greenbelt, Maryland