Objetivos de la misión
Los objetivos principales de la Misión Interestelar Voyager (VIM) son: caracterizar el entorno del sistema solar exterior, buscar la heliopausa (el límite exterior de la heliosfera) y estudiar el espacio interestelar, es decir, el espacio situado más allá de la heliosfera. Las sondas cumplieron los dos primeros objetivos: Voyager 1 alcanzó el límite del espacio interestelar en 2012, mientras que Voyager 2 (que viajaba a menor velocidad y en una dirección distinta a la de su gemela) llegó a él en 2018. Voyager 1 y Voyager 2 son las únicas naves espaciales de la historia que están operativas fuera de la heliosfera.
Ahora, la misión está midiendo los campos magnéticos, las partículas y las ondas de plasma en el espacio interestelar.
Descripción general de la misión interestelar
VIM es una extensión de la misión planetaria de la misión Voyager, la cual concluyó en 1989.
Esa misión planetaria comenzó con sobrevuelos cercanos de Júpiter y Saturno llevados a cabo por las sondas Voyager 1 y 2, seguidos de una extensión de la misión planetaria en la cual Voyager 2 completó sobrevuelos cercanos de los otros dos gigantes planetarios: Urano y Neptuno.
Al inicio de VIM en 1989, las dos sondas Voyager llevaban más de 12 años en vuelo, tras haber sido lanzadas en agosto (Voyager 2) y septiembre (Voyager 1) de 1977. En los inicios de VIM, Voyager 1 se encontraba a unas 40 UA (unidades astronómicas) del Sol, y Voyager 2 estaba a unas 31 UA de distancia. Una UA equivale a la distancia entre la Tierra y el Sol, o aproximadamente 150 millones de kilómetros (93 millones de millas).
VIM comprende tres fases diferenciadas: el choque de terminación, la heliofunda y el espacio interestelar.
El choque de terminación (o frente de choque de terminación) es uno de los límites de la influencia del Sol. En este frente, el viento solar se desacelera, cayendo bruscamente de una velocidad supersónica a una velocidad inferior a la velocidad del sonido. Las partículas de plasma que forman el viento solar reducen su velocidad porque comienzan a interactuar y a ejercer presión contra el medio interestelar: el gas, el polvo y otros materiales presentes en el espacio entre las estrellas. La presión del medio interestelar se opone al viento solar a través de la heliosfera, lo que finalmente impide que el viento solar fluya hacia el espacio interestelar. Asimismo, en el choque de terminación el campo magnético del Sol se intensifica y cambia de dirección.
Voyager 1 atravesó el choque de terminación en diciembre de 2004, a una distancia de 94 UA, y Voyager 2 cruzó este límite a 84 UA en agosto de 2007. Para consultar la distancia actual de las sondas Voyager 1 y 2 con respecto al Sol, visita la página de actualización del estado de la misión (en inglés).
Seguido de eso, la misión comenzó la fase de exploración de la heliofunda, o la capa exterior de la heliosfera que aún está dominada por el campo magnético del Sol y las partículas del viento solar.
Después de viajar a través del choque de terminación y entrar en la heliofunda, las sondas Voyager continuaron su viaje hasta que cada nave atravesó la heliopausa y entró en el espacio interestelar.
Voyager 1 llegó al espacio interestelar el 25 de agosto de 2012, convirtiéndose en el primer objeto fabricado por el ser humano en lograrlo. Voyager 1 ingresó en el espacio interestelar a una distancia aproximada de 122 UA, o unos 18.000 millones de kilómetros (11.000 millones de millas) del Sol. Sin embargo, para el equipo científico de la misión no resultó evidente de inmediato que Voyager 1 hubiera cruzado la heliopausa. Los instrumentos de detección de partículas de la nave registraron un aumento de los rayos cósmicos (que se originan fuera de la heliosfera) y una disminución de las partículas heliosféricas. Pero lo que habría servido como fuente de confirmación adicional, el instrumento científico de plasma (PLS, por sus siglas en inglés) de la sonda, había dejado de funcionar en 1980. El PLS fue diseñado para medir la velocidad y la dirección del viento solar mientras Voyager 1 se encontraba dentro de la heliosfera; en el espacio interestelar, habría detectado un descenso drástico de esas mediciones. Al no contar con el instrumento científico de plasma, el equipo científico de la misión no podía tener la certeza de que la sonda hubiera abandonado la heliosfera. Afortunadamente, casi un año después, el subsistema de ondas de plasma (PWS, por sus siglas en inglés) de Voyager 1 detectó oscilaciones en el plasma que rodeaba la nave espacial. Esto indicaba que Voyager 1 se estaba desplazando hacia una región de plasma cada vez más denso, lo cual era una señal clara de que la sonda había entrado en el espacio interestelar.
Voyager 2 cruzó este límite el 5 de noviembre de 2018, hecho confirmado tanto por los datos de sus instrumentos de partículas como de su instrumento científico de plasma. Las sondas gemelas Voyager siguen siendo los únicos objetos fabricados por el ser humano que han alcanzado el espacio interestelar.







