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Una especie de cápsula del tiempo
Las sondas Pioneer 10 y 11, que precedieron a la misión Voyager, llevaban pequeñas placas metálicas que identificaban su época y lugar de origen en beneficio de cualquier otro viajero espacial que pudiera encontrarlas en un futuro lejano. Siguiendo este ejemplo, la NASA incluyó un mensaje más ambicioso a bordo de las Voyager 1 y 2, una especie de cápsula del tiempo, con el propósito de comunicar la historia de nuestro mundo a posibles civilizaciones extraterrestres. El mensaje de las sondas Voyager está grabado en un disco fonográfico: un disco de cobre bañado en oro de 12 pulgadas (unos 39,5 centímetros) de diámetro que contiene imágenes y sonidos seleccionados para reflejar la diversidad de la vida y la cultura en la Tierra.
La cubierta del disco de oro
La cubierta protectora del disco contiene instrucciones para reproducir su contenido, encontrar la Tierra en el cosmos y determinar cuánto tiempo ha estado en el espacio.
En la esquina superior izquierda hay un dibujo fácilmente reconocible del disco fonográfico y la aguja que lleva consigo. La aguja está en la posición correcta para reproducir el disco desde el principio. A su alrededor está escrito en aritmética binaria el tiempo correcto de una rotación del disco: 3,6 segundos, expresado en unidades de tiempo de 0,70 milmillonésimas de segundo, el período de tiempo asociado con una transición fundamental del átomo de hidrógeno. El dibujo indica que el disco debe reproducirse de afuera hacia adentro. Debajo de este dibujo hay una vista de perfil del disco y la aguja, con un número binario que indica el tiempo para reproducir un lado del disco: aproximadamente una hora.
La información en la parte superior derecha de la cubierta está diseñada para mostrar cómo deben reconstruirse las imágenes a partir de las señales grabadas. El dibujo de arriba muestra la señal característica que se produce al inicio de una imagen. La imagen se genera a partir de esta señal, la cual traza la imagen mediante una serie de líneas verticales, de forma similar a la televisión convencional (en la que la imagen está compuesta por líneas horizontales).
Las líneas 1, 2 y 3 de la imagen están indicadas en sistema binario, y se señala la duración de una de estas “líneas de imagen”: unos ocho milisegundos. El dibujo situado justo debajo muestra cómo deben trazarse estas líneas en sentido vertical, empleando un patrón de “entrelazado” escalonado para lograr una correcta reproducción de la imagen. Justo debajo de esto aparece un dibujo de la trama completa de la imagen, que indica que una imagen completa tiene 512 líneas verticales. Inmediatamente debajo de esto hay una réplica de la primera imagen grabada en el disco, para permitir que los destinatarios verifiquen que están decodificando correctamente las señales. En esta imagen se usó un círculo para garantizar que los destinatarios utilicen la proporción correcta entre el ancho horizontal y la altura vertical al reconstruir la imagen.
El dibujo en la esquina inferior izquierda de la cubierta es el mapa de púlsares enviado anteriormente como parte de las placas de las sondas Pioneer 10 y 11. Muestra la ubicación del sistema solar con respecto a 14 púlsares, cuyos períodos precisos se indican. El dibujo en la esquina inferior derecha que contiene dos círculos representa el átomo de hidrógeno en sus dos estados de menor energía: una línea de conexión y el dígito 1 indican que el intervalo de tiempo asociado con la transición de un estado al otro debe utilizarse como escala de tiempo fundamental, tanto para la información temporal dada en la cubierta como para las imágenes decodificadas.
En la cubierta del disco se ha depositado una fuente de uranio 238 ultrapuro con una radiactividad de aproximadamente 0,00026 microcurios. La desintegración constante de la fuente de uranio en sus isótopos hijos la convierte en una especie de reloj radiactivo. La mitad del uranio 238 se desintegrará en 4.510 millones de años. Por lo tanto, al examinar esta superficie de dos centímetros (0,8 pulgadas) de diámetro en la placa del disco y medir la cantidad de elementos hijos en relación con el uranio 238 restante, un destinatario extraterrestre de la sonda Voyager podría calcular el tiempo transcurrido desde que la muestra de uranio fue colocada a bordo de la astronave. Esto serviría para verificar la época del lanzamiento, lo cual también se describe en el mapa de púlsares que aparece en la cubierta del disco.
¿Qué contiene el disco?
El disco incluye imágenes y una diversidad de:
- sonidos naturales, como truenos y cantos de aves,
- selecciones musicales de diferentes culturas y épocas
- y saludos hablados en 55 idiomas.
El contenido del disco fue seleccionado para la NASA por un comité presidido por Carl Sagan, académico de la Universidad de Cornell, y otros colaboradores. El doctor Sagan y su equipo reunieron 115 imágenes y una variedad de sonidos naturales, como los producidos por el oleaje, el viento, los truenos, las aves, las ballenas y otros animales. A esto añadieron selecciones musicales de diferentes culturas y épocas, y saludos hablados de habitantes de la Tierra en 55 idiomas, así como mensajes escritos del presidente Jimmy Carter y el secretario general de la ONU, Kurt Waldheim.
Cada disco está recubierto por una funda protectora de aluminio, junto con un cartucho y una aguja. Las instrucciones, en lenguaje simbólico, explican el origen de la nave espacial e indican cómo reproducir el disco. Las 115 imágenes están codificadas de forma analógica.
El resto del disco contiene audio, diseñado para ser reproducido a una velocidad de 16 y 2/3 revoluciones por minuto. Contiene saludos hablados, comenzando con el acadio, una lengua hablada en Sumeria hace unos 6.000 años, y terminando con el Wu, un dialecto chino. Tras la sección dedicada a los sonidos de la Tierra, viene una ecléctica selección musical de 90 minutos que abarca obras clásicas de Oriente y Occidente, y una variedad de música étnica. Una vez que las sondas Voyager abandonaron el sistema solar comenzaron a adentrarse en el espacio vacío. Pasarán 40.000 años antes de que se aproximen a otro sistema planetario. Como ha señalado Carl Sagan: “Solo si existen civilizaciones espaciales avanzadas en el espacio interestelar, encontrarán las naves espaciales y reproducirán el disco. Aun así, el lanzamiento de esta ‘botella’ al ‘océano’ cósmico es un mensaje muy esperanzador sobre la vida en este planeta”.
La obra definitiva sobre el disco de las sondas Voyager es Murmurs of the Earth (Murmullos de la Tierra), producida por el director ejecutivo Carl Sagan, el director técnico Frank Drake, la directora creativa Ann Druyan, el productor Timothy Ferris, el diseñador Jon Lomberg y la responsable de los saludos, Linda Salzman. Básicamente, este libro narra la historia de la creación del disco e incluye una lista completa de todo su contenido. Murmurs of the Earth, publicado originalmente en 1978, fue reeditado en 1992 por Warner News Media con un CD-ROM que reproducía el disco de Voyager.









