Para una científica que dirigió el equipo que hizo el extraordinario descubrimiento del primer planeta del tamaño de la Tierra más allá de nuestro sistema solar, Elisa Quintana podría ser la excepción entre sus colegas: no fue una observadora del cielo durante su juventud.
“Siempre pensé que el espacio era realmente genial, pero nunca pensé que quería ser astronauta ni me gustaba mirar las estrellas”, comenta. “La gente dice: ‘Cuando era pequeña, miré al cielo y supe de inmediato que quería ser astrónoma’, o ‘He querido ser astronauta desde que era pequeño’. Nunca se me ocurrió que eso era algo que yo podría hacer”.
Tampoco sobresalió en matemáticas ni en ciencias, ni aspiró a estudiar en una gran universidad.
“Pasé por una fase de preadolescencia en la que no me interesaba nada en la escuela”, recuerda Quintana. “Fui a la universidad solo porque era lo que había que hacer. Nadie en mi familia hizo un posgrado y nadie era científico. Simplemente no era parte de mi vida familiar”.
Para Quintana, el camino menos transitado finalmente la llevó a su trabajo actual como astrofísica de la NASA. En 2014, dirigió el equipo del Centro de Investigación Ames de la NASA en Silicon Valley que descubrió Kepler-186f, un exoplaneta del tamaño de la Tierra en la zona habitable de una estrella enana roja. La zona habitable es la región alrededor de una estrella donde un planeta podría tener agua líquida en su superficie, y las estrellas enanas rojas son más pequeñas y tenues que nuestro Sol. Ahora, Quintana trabaja en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland, como científica encargada del proyecto Satélite de Sondeo de Exoplanetas en Tránsito (TESS, por su acrónimo en inglés), un telescopio espacial de la NASA que busca planetas del tamaño de la Tierra fuera de nuestro sistema solar.
Definitivamente, tuve un desarrollo tardío”, dice. “Creo que es importante que la gente sepa que no hay un solo camino”.
ELISA QUINTANA
Astrofísica de la NASA
“Definitivamente, tuve un desarrollo tardío”, dice. “Creo que es importante que la gente sepa que no hay un solo camino”.
Quintana creció en Silver City, Nuevo México, hija de un padre que era un poeta chicano y una madre que crio a tres hijos. Su abuelo era minero.
“No teníamos mucho dinero, pero vivíamos en el campo y yo tenía una gran cantidad de parientes”, dice. “Me divertía jugando, haciendo cosas que les gustaba hacer a los varones. Recordando el pasado, pienso: ‘Dios, éramos tan pobres’. Pero no tenía ni idea. Era muy feliz”.
Cuando Quintana tenía nueve años, la familia se mudó a San Diego, California, y Quintana se inscribió en el cercano Grossmont College después de la escuela secundaria. Allí, decidió tomar una clase de cálculo porque algunos de sus amigos estaban en ella —“Fue algo totalmente al azar”, dice Quintana— y terminó gustándole la asignatura. A partir de ahí, se inscribió en una clase de física y completó el curso con una C.
“De alguna manera, eso hizo que me interesara más porque resultó ser un desafío”, dice. “Recuerdo que me gustaba, aunque no salía muy bien y pensaba: ‘Mmm...’ Así que comencé a tomar más clases. Entonces me lo empecé a tomar en serio”.
Más tarde, Quintana transfirió sus estudios a la Universidad de California en San Diego (UCSD, por sus siglas en inglés), donde se encontró con una asesora estrella: la exastronauta Sally Ride, quien era profesora en esa universidad.
“Quedé deslumbrada con ella”, dice Quintana. “Pasé de no tener modelos a seguir en la ciencia a tener el mejor modelo a seguir: la primera mujer de Estados Unidos en ir al espacio. Recuerdo que siempre admiraba lo fuerte y segura de sí misma que era”.
Se unió al nuevo proyecto de Ride en ese momento, KidSat, ahora conocido como EarthKam, una iniciativa de la NASA para que los estudiantes de secundaria dirigieran una cámara a bordo del transbordador espacial para tomar fotos de la Tierra. Los estudiantes de pregrado de UCSD administraban el programa, aprendiendo a emular una sala de control de misión y haciendo excursiones escolares para visitar el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL, por sus siglas en inglés) de la NASA en Pasadena, California.
Quintana se enamoró de la física en la universidad y más tarde se doctoró en esta materia en la Universidad de Michigan en Ann Arbor.
“Cuando algo es difícil y no ves el motivo para hacerlo, no lo intentas. Pero finalmente todo tuvo sentido”, dice. “La física me abrió los ojos porque es un lenguaje hermoso. Puedes usarla para estudiar la cosa más pequeña, como un átomo, y también para estudiar algo como la galaxia y el universo”.
En 1996, cuando aún era una estudiante universitaria, Quintana conoció al único estudiante graduado que Ride estaba asesorando. Él le mostró algo que nunca había visto antes: una gráfica que había hecho de los planetas descubiertos fuera de nuestro sistema solar.
“En ese momento, solo había un puñado de exoplanetas”, dice Quintana. “Pero era la primera vez que todo ese concepto entraba en mi mente. Recuerdo haber visto su gráfica y pensar: ‘Eso es increíble’. Esto es algo que me interesa mucho. He estado trabajando con los exoplanetas desde entonces”.
Quintana continuó su carrera y se convirtió en científica investigadora del Instituto SETI y, más tarde, en becaria postdoctoral sénior de la NASA en el Centro de Investigación Ames, donde trabajó en las misiones espaciales Kepler y K2, ya finalizadas. En 2014, dirigió un equipo de astrofísicos estelares y científicos planetarios para confirmar la existencia de Kepler 186-f. Los hallazgos de este grupo de investigadores fueron publicados en la revista científica Science.
“La mayoría de nosotros sabíamos en el fondo que había mundos como la Tierra en las zonas habitables de otras estrellas, pero aún no lo habíamos demostrado”, dice. “Comencé con [la misión] Kepler escribiendo software en 2006. Transcurrió el tiempo y, en 2014, yo era la autora principal de un artículo científico que demostraba que estos planetas sí existen. Kepler-186f fue una prueba de concepto y un hito importante para la misión”.
Cuando la misión Kepler llegó a su fin el 30 de octubre de 2018 —la nave espacial se había quedado sin combustible—, Quintana solo tenía gratitud por el legado de la misión.
“Kepler fue muy revolucionario”, dice. “Ahora sabemos que hay más planetas que estrellas, y eso nos permitió dar el siguiente paso y construir nuevas misiones para aprender más sobre estos planetas”.
Quintana se ha desempeñado como científica encargada del proyecto para la misión TESS, que fuera lanzada el 18 de abril de 2018. Uno de los objetivos de TESS es encontrar planetas que el telescopio espacial James Webb explorará, esencialmente, para “crear un catálogo con el legado de planetas en nuestro vecindario estelar para que las próximas generaciones lo estudien”, dice. También fue científica principal del estudio de exoplanetas que llevará a cabo el telescopio espacial Nancy Grace Roman, el cual podría ser lanzado tan pronto como en 2026. Roman encontrará alrededor de 100.000 planetas mediante diferentes técnicas, y sentará las bases para el futuro Observatorio de Mundos Habitables.
Hoy, Quintana es investigadora principal de la misión Pandora de la NASA, la cual fue lanzada el 11 de enero de 2026 para estudiar las atmósferas de exoplanetas y sus estrellas.
Cuando no está explorando los confines del universo, Quintana pasa su tiempo libre trabajando a un nivel mucho más local: haciendo divulgación pública en colegios comunitarios, el lugar donde encontró su camino hacia las estrellas.
“Mucha gente en los colegios comunitarios piensa que sus opciones son limitadas y que su oportunidad ya pasó”, dice. “Es fácil pensar que ni siquiera puedes competir con personas que tomaron caminos más tradicionales”.
Otra causa cercana al corazón de Quintana es hablar con las jóvenes hispanas en el área de Los Ángeles para hacerles saber que ellas también pueden ser lo que deseen.
“Me doy cuenta de lo importante que es ver a alguien que se parece a ti haciendo lo que quieres hacer”, dice Quintana. “Me sorprende que hoy en día todavía haya muchas chicas jóvenes que no tienen idea de que pueden estudiar ciencias. Todas las personas en la etapa donde me encuentro están en una posición de poder, y me doy cuenta de que tan solo el contar mi historia puede abrir puertas”.
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