Por primera vez en más de 150 años, las tortugas gigantes regresan a la naturaleza en la isla Floreana de las Galápagos, guiadas por los datos satelitales de la NASA que ayudan a los científicos a descubrir dónde estos animales pueden encontrar alimentos, agua y un hábitat para anidar.
Este esfuerzo es una colaboración entre la Dirección del Parque Nacional Galápagos y la organización Galápagos Conservancy, y marca un hito clave en la restauración de las poblaciones de tortugas en uno de los archipiélagos ecológicamente más singulares de la Tierra.
En la isla Floreana, las tortugas desaparecieron a mediados del siglo XIX después de sufrir una intensa cacería por parte de los balleneros y de la introducción de nuevos depredadores como cerdos y ratas, los cuales consumían huevos y crías de tortuga. Sin las tortugas, la isla empezó a cambiar. En todas las Galápagos, las tortugas gigantes históricamente ayudaron a dar forma al paisaje pastando la vegetación, abriendo caminos a través del denso crecimiento de las plantas y transportando semillas entre las islas.
“Este es exactamente el tipo de proyecto en el que las observaciones de la Tierra de la NASA marcan la diferencia”, dijo Keith Gaddis, gerente del programa de Diversidad Biológica y Pronóstico Ecológico de NASA Earth Action (Acción por la Tierra de la NASA) en la sede central de la NASA en Washington. “Estamos ayudando a nuestros socios a responder una pregunta práctica: ¿Dónde tendrán estos animales la mejor oportunidad de sobrevivir, no solo hoy, sino en las décadas por venir?”.
Adaptación de las tortugas al paisaje
El 20 de febrero, la Dirección del Parque Nacional Galápagos y sus socios conservacionistas liberaron 158 tortugas gigantes en dos sitios de Floreana.
En el año 2000, los científicos hicieron un descubrimiento inesperado. Gibbs y otros investigadores encontraron un tipo inusual de tortugas en el volcán Wolf —el pico más alto de las Galápagos, al norte de la isla Isabela— que no se parecían a ninguna otra tortuga viva conocida. Casi una década más tarde, el ADN extraído de los huesos de las extintas tortugas de Floreana —hallados en cuevas de la isla y en colecciones de museos— confirmó que las tortugas portaban ascendencia de las tortugas de Floreana, lo que estimuló el lanzamiento de un programa de reproducción que desde entonces ha producido cientos de crías que se tiene previsto llevar de regreso a esta isla. Los investigadores creen que probablemente los balleneros trasladaban tortugas entre las islas hace más de un siglo.
En los últimos 60 años, la Dirección del Parque Nacional Galápagos ha criado y liberado en todas las Galápagos más de 10.000 tortugas, en uno de los mayores esfuerzos de recuperación de vida silvestre jamás intentados. Pero cada isla presenta un enigma diferente.
Algunas colinas y pequeñas montañas en las Galápagos interceptan las nubes y se mantienen frescas y húmedas con vegetación de hoja perenne. Otras están lo suficientemente secas como para que la vegetación verde aparezca solo brevemente después de la lluvia. Cuando estas zonas se encuentran en la misma isla, las tortugas se desplazan entre ellas, y algunos animales recorren muchos kilómetros cada año entre las áreas estacionales de alimentación y anidación.
“Es difícil para las tortugas porque son introducidas en este entorno desde el cautiverio”, dijo Gibbs. “No saben dónde está la comida. No saben dónde está el agua. No saben dónde anidar. Si podemos ubicarlas donde las condiciones ya son adecuadas, les daremos una oportunidad mucho mejor”.
Ahí es donde intervienen los datos satelitales de la NASA.
Las observaciones de la Tierra de la NASA permiten a los científicos cartografiar las condiciones ambientales en estas islas y hacer seguimiento de cómo la vegetación, la humedad y la temperatura cambian con el tiempo; estas son pistas que ayudan a saber dónde pueden encontrar comida y agua las tortugas.
Utilizando esos registros, Gibbs y Giorgos Mountrakis, el investigador principal del proyecto, y su equipo construyeron una herramienta de toma de decisiones que combina las mediciones satelitales del hábitat y las condiciones climáticas con millones de observaciones de campo de las ubicaciones de las tortugas en todo el archipiélago para guiar dónde y cuándo liberar a los animales.
“Los modelos de idoneidad del hábitat y la cartografía ambiental son herramientas esenciales”, dijo Christian Sevilla, director de Ecosistemas de la Dirección del Parque Nacional Galápagos. “Ellas nos permiten integrar datos climáticos, topográficos y de vegetación para tomar decisiones basadas en evidencia. Hemos pasado de la intuición a la precisión”.

La herramienta de toma de decisiones se basa en diferentes misiones satelitales de la NASA y sus socios. Los satélites del programa Landsat y los satélites europeos de la serie Sentinel hacen seguimiento de las condiciones de la vegetación. La misión Medición de la Precipitación Global proporciona datos de las lluvias. El satélite Terra ayuda a estimar la temperatura de la superficie terrestre y los datos del terreno agregan características de elevación y paisaje. En algunos casos, las imágenes satelitales comerciales de alta resolución, adquiridas mediante el Programa de Adquisición de Datos Comerciales de Smallsat (satélites pequeños) de la NASA, ayudan a los equipos humanos a evaluar los posibles sitios de liberación antes de que comiencen los estudios de campo.
Teniendo en cuenta las relaciones entre las tortugas y el medioambiente, los equipos pueden levantar mapas de la idoneidad del hábitat actual y pronosticar cómo este puede cambiar en las décadas futuras a medida que cambien las condiciones ambientales.
“La parte de los pronósticos es fundamental”, dijo Mountrakis, quien trabaja en la Facultad de Ciencias Ambientales y Forestales de la Universidad Estatal de Nueva York en Siracusa. “Este no es un proyecto de un año. Estamos explorando dónde tendrán éxito las tortugas dentro de 20 o 40 años”.
Debido a que las tortugas pueden vivir más de un siglo, las condiciones del hábitat en las décadas por venir son tan importantes como las condiciones actuales.
Más que conservación
La liberación de tortugas es parte del Proyecto de Restauración Ecológica de Floreana, el cual tiene como objetivo eliminar especies invasoras como ratas y gatos salvajes y, a la larga, reintroducir en la isla 12 especies de animales nativos, teniendo a las tortugas como piedra angular para la reconstrucción del ecosistema.
Galápagos Conservancy también emplea datos satelitales de la NASA y la herramienta de toma de decisiones que ha sido desarrollada para ayudar a guiar la liberación de tortugas en otras islas de las Galápagos y planificar futuras reintroducciones en todo el archipiélago.
Si este plan tiene éxito, la isla Floreana podría volver a albergar una gran población de tortugas, lo que ayudaría a restaurar las relaciones entre los animales, las plantas y el paisaje que dieron forma a la isla durante miles de años.
“Para quienes vivimos y trabajamos en las Galápagos, esto [las liberaciones] es profundamente significativo”, dijo Sevilla. “Demuestra que la restauración ecológica a gran escala es posible y que, con ciencia y compromiso a largo plazo, podemos recuperar una parte esencial del patrimonio natural del archipiélago”.
Por Emily DeMarco
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