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Avances en la observación de la Tierra en la NASA desde la publicación de la fotografía ‘Salida de la Tierra’

Índice de contenidos

1: Una porción de la Tierra brilla tenuemente contra el fondo oscuro del espacio.
Una Tierra en fase creciente, captada a través de las ventanas de la nave espacial Orion por la tripulación de Artemis II, poco después de que establecieran un nuevo récord de la mayor distancia recorrida por seres humanos desde nuestro planeta mientras volaban alrededor del lado lejano de la Luna.
NASA

Cuando la tripulación de la misión Apolo 8 de la NASA dio la vuelta alrededor del lado lejano de la Luna en 1968 y el astronauta Bill Anders tomó una foto de la Tierra asomándose por encima del horizonte gris, la imagen se convirtió en un símbolo de esperanza en tiempos difíciles. Esa fotografía, “Earthrise”, o “Salida de la Tierra”, como fue llamada, contribuyó a inspirar la primera celebración del Día de la Tierra dos años más tarde.

Este año, los astronautas de la misión Artemis II capturaron sus propias imágenes conmovedoras de nuestro hogar. La fotografía recién publicada muestra a la Tierra el 6 de abril, mientras la tripulación viajaba más lejos que cualquier ser humano antes que ellos.

“En el Día de la Tierra, se nos recuerda la extraordinaria responsabilidad que compartimos de comprender nuestro planeta”, dijo el administrador de la NASA, Jared Isaacman. “Las misiones de ciencias de la Tierra de la NASA continúan aportando datos cruciales que fortalecen a las comunidades, respaldan a industrias como la agricultura y ayudan a la nación estadounidense a anticipar y responder ante incendios forestales, sequías, inundaciones y otros peligros naturales. Junto con nuestros socios en las ciencias de la Tierra, la NASA tiene el compromiso de profundizar nuestra comprensión del planeta”.

Una comparación lado a lado de la Tierra en sombra parcial sobre el horizonte lunar gris y lleno de cráteres.
Izquierda: Salida de la Tierra el 24 de diciembre de 1968, inmortalizada por la tripulación de Apolo 8 en película en color Kodak Ektachrome. Derecha: La Tierra en fase creciente se cierne justo por encima de la superficie lunar, minutos antes de su “puesta”. Esta fotografía fue capturada el 6 de abril por los tripulantes de la misión Artemis II a través de las ventanas de la nave espacial Orion, poco antes de que volaran detrás de la Luna y llegaran a una distancia de la Tierra mayor de la alcanzada jamás por otros seres humano.
NASA

Desde cámaras presionadas contra las ventanas de las naves espaciales hasta el radar más potente que se haya puesto en vuelo, la tecnología de obtención de imágenes ha dado pasos de gigante desde 1968; pero el impulso por comprender nuestro hogar en el cosmos se ha mantenido intacto.

“Nuestros cuatro astronautas de Artemis II —Reid, Victor, Christina y Jeremy— llevaron a la humanidad en un viaje que nos mostró cuán especial y brillante es nuestra Tierra, incluso desde el lado oscuro de la Luna, algo que merece celebrarse de manera especial en el Día de la Tierra”, dijo Nicky Fox, administradora asociada de la Dirección de Misiones Científicas en la sede central de la NASA en Washington. “Al contemplar las increíbles imágenes de nuestro planeta, esa ‘canica azul’, a lo largo del tiempo, desde la ‘Salida de la Tierra’ de Apolo 8 hasta la ‘Puesta de la Tierra’ de Artemis II, no solo presenciamos un momento simbólico de gran belleza, sino que, al igual que las demás imágenes captadas durante el sobrevuelo lunar, esta puesta de la Tierra está rebosante de una ciencia extraordinaria en alta definición que contribuirá a orientar nuestras futuras misiones del programa Artemis en la Luna”.

Este es un vistazo de cómo la visión de la Tierra por parte de la NASA ha evolucionado desde aquella imagen de nuestro planeta.

Del nivel del mar a las alturas

Una comparación lado a lado de una gran masa de agua rodeada de campos e infraestructura urbana.
Fotografía del área metropolitana de Nueva Orleans, incluyendo el lago Pontchartrain y su calzada de casi 40 kilómetros (24 millas) de longitud, tomada por la tripulación de Apolo 7 (izquierda) en 1968. Derecha: Imagen creada con datos recientes de la misión Radar de Apertura Sintética (NISAR) de NASA-ISRO. Los distintos colores indican humedales, calles de la ciudad y otros tipos de cobertura terrestre, los cuales reflejan las señales de radar de manera diferente.
NASA/JPL-Caltech

En 1968, durante su órbita número 120 alrededor del planeta, los astronautas de Apolo 7 tomaron una fotografía de Nueva Orleans, visible en medio de los verdes humedales y los sedimentos de color ocre del delta del río Misisipi, situada a unos 176 kilómetros (95 millas náuticas) más abajo. Hoy en día, los radares espaciales revelan cómo el suelo bajo nuestros pies está elevándose, hundiéndose y desplazándose.

Lanzados en julio de 2025 por la NASA y la Organización de Investigación Espacial de la India (ISRO), los instrumentos en las bandas L y S del radar de apertura sintética (SAR, por su acrónimo en inglés) de la misión NISAR (por las siglas en inglés de la misión Radar de Apertura Sintética de NASA-ISRO) pueden penetrar las nubes y las copas de los árboles para revelar detalles de la superficie terrestre y observar sus cambios. Esa es información práctica y útil para las comunidades, incluyendo aquellas ciudades situadas a baja altitud en riesgo de perder terreno debido al aumento del nivel del mar y a la subsidencia (hundimiento) del suelo.

La misión NISAR da continuidad a un largo legado de satélites de observación de la Tierra. En todo el mundo, desde las regiones heladas hasta los desiertos, el registro satelital de la NASA ha documentado durante décadas los cambios ocurridos tanto en el entorno humano como en el mundo natural. Descubre cómo el satélite Plancton, Aerosoles, Nubes y Ecosistemas Oceánicos (PACE, por su acrónimo en inglés), lanzado recientemente, capturó el delta del río Misisipi, rebosante de vida marina.

“Las fotos de Artemis compartieron con toda la humanidad la impresionante belleza de nuestro planeta natal, tal como solo puede apreciarse desde el espacio”, dijo Karen St. Germain, directora de la División de Ciencias de la Tierra de la NASA. “La flota de satélites de ciencias de la Tierra de la NASA añade nuevas dimensiones a esta belleza, al enseñarnos de qué manera nuestro planeta sustenta las vibrantes y dinámicas formas de vida que observamos en la Tierra. Estos datos y descubrimientos nos permiten producir ciencia práctica y útil, para que podamos seguir prosperando en nuestro planeta en constante cambio”.

Alcanzando nuevas alturas

Una comparación lado a lado de una cordillera blanca y oscura (izquierda) y de colores brillantes con tonos de azul, verde y amarillo (derecha).
La imponente región del Himalaya vista por un astronauta del programa Mercury desde su cápsula (izquierda) y por los instrumentos radar generador de imágenes espaciales C y radar de apertura sintética de banda X (SIR-C/X-SAR) a bordo del transbordador espacial Endeavour en 1994. El monte Everest es el pico brillante a la derecha del centro en la imagen del transbordador espacial.
NASA/JPL

Las montañas del Himalaya han cautivado a los astronautas desde los albores de la era espacial. Equipado con una cámara Hasselblad portátil de 70 mm, L. Gordon Cooper fotografió el monte Everest y sus imponentes vecinos en 1963, mientras orbitaba el planeta 22 veces en solitario a bordo de su cápsula Mercury-Atlas 9.

A principios de la década de 1990, los científicos trazaban los picos y valles de esta cordillera con un detalle espectacular, utilizando radares a bordo del transbordador espacial. Más recientemente, otras misiones e instrumentos espaciales —tales como el radiómetro espacial avanzado de emisión y reflexión térmica (ASTER, por su acrónimo en inglés) y la serie de satélites Landsat— han facilitado la exploración a gran altitud. Estos han ayudado a los científicos a determinar la ubicación exacta de una avalancha mortal en el monte Everest, así como a monitorear los cambios en la vegetación a lo largo de algunas de las laderas más remotas del planeta.

El ojo de la tormenta

Una comparación lado a lado de un huracán blanco arremolinado sobre un océano azul (izquierda) y una imagen digital verde y roja brillante de nubes arremolinadas (derecha).
Izquierda: El huracán Gladys, tal como lo vieron los astronautas de Apolo 7. Derecha: El Observatorio Principal de la misión de Medición de la Precipitación Global (GPM) de la NASA sobrevoló el centro del supertifón Sinlaku el 12 de abril de 2026, ofreciendo una visión detallada de la estructura y la intensidad de las precipitaciones.
Estudio de Visualización Científica de la NASA

El despegue de Artemis II, el 1 de abril, se produjo exactamente 66 años después del día de otro lanzamiento histórico. El primer satélite meteorológico exitoso del mundo, TIROS 1, estaba equipado con un par de cámaras de televisión y grabadoras de cinta magnética cuando fue lanzado a la órbita terrestre baja en 1960. Este satélite proporcionó a los meteorólogos imágenes de la cobertura de nubes desde el espacio que permitieron mejorar los pronósticos de tormentas.

Los datos satelitales complementaron las singulares fotografías captadas por los astronautas del programa Apolo, quienes documentaron huracanes, nubes de tormenta y otros sistemas meteorológicos que se agitaban bajo sus pies. Esta labor continúa hasta el día de hoy. El año próximo, una nueva generación de radares emprenderá el vuelo como parte de la misión Investigación de Corrientes Ascendentes Convectivas (INCUS, por su acrónimo en inglés). Estos tres pequeños satélites, que volarán en formación cerrada, ayudarán a determinar por qué, cuándo y dónde se producen las nubes, las precipitaciones intensas y las tormentas tropicales severas.

Mira cómo un satélite de observación del agua rastreó otro tipo de peligro natural, un tsunami, mientras este se desplazaba a gran velocidad a través del océano Pacífico tras un terremoto masivo ocurrido frente a la costa de Rusia el pasado mes de julio.

Confines congelados

Una comparación lado a lado de un paisaje rocoso cubierto de hielo azul y blanco.
Izquierda: Esta fotografía, capturada desde SkyLab, la primera estación espacial experimental de la NASA, ayudó a los científicos a principios de la década de 1970 a estudiar el accidentado terreno invernal en el este de Canadá. Derecha: El borde oriental de la península Antártica y el glaciar Drygalski, fotografiados desde un avión de investigación en 2017.
NASA/Nathan Kurtz

Las imágenes anteriores captan dos espectaculares paisajes helados a un mundo de distancia entre sí.

La instantánea de la izquierda, tomada por un miembro de la tripulación de la estación espacial SkyLab en 1974, muestra columnas de hielo fragmentado cerca de Belle Isle, frente a la costa de Terranova. A la derecha, nuevo hielo marino se forma a lo largo de la costa de la Antártida en una fotografía aérea tomada durante la Operación IceBridge, la misión aérea de mayor duración de la NASA para la observación del hielo en las regiones de los polos Norte y Sur. Los hallazgos de esa misión, junto con los datos láser satelitales, han ayudado a los científicos a rastrear los cambios en los mantos de hielo de los casquetes polares desde 2003.

En el Ártico, los satélites observan continuamente hasta qué punto retrocede el hielo marino, temporada tras temporada y año tras año, registrando una tendencia de décadas hacia una menor cobertura de hielo. En el otro lado del globo, en la Antártida, el instrumento espectrorradiómetro de imágenes de resolución moderada (MODIS, por su acrónimo en inglés) de la NASA capturó recientemente el inicio del verano a todo color.

Noche y día

Una comparación lado a lado de dos masas de tierra de color marrón claro casi tocándose a la luz del sol (izquierda) y de noche (derecha), con pequeños puntos de luz brillando bajo un cielo oscuro.
El estrecho de Gibraltar, donde el océano Atlántico se encuentra con el mar Mediterráneo, fotografiado desde la nave espacial Gemini 5 en 1965 (izquierda) y por miembros de la tripulación de la Estación Espacial Internacional en 2014 (derecha). Los astronautas deben reemplazar periódicamente las cámaras de la estación espacial, ya que la radiación en el espacio puede dañarlas.
NASA/Alex Gerst

Visualizar la Tierra como una canica azul solo cuenta una parte de nuestra historia. De noche, la Tierra también nos enseña mucho sobre la humanidad. Los sensores que orbitan nuestro planeta pueden distinguir fuentes de luz con una resolución tan fina que llega hasta la escala de una cabina de peaje en una autopista oscura. Al hacer seguimiento de la iluminación nocturna, los científicos, los legisladores y la industria pueden cartografiar el crecimiento urbano, el consumo de electricidad y la actividad económica en todo el planeta.

Compara, por ejemplo, la vista de una Tierra envuelta en nubes que obtuvo la tripulación de Apolo 11 el día en que Neil Armstrong y Buzz Aldrin alunizaron en 1969, con esta nueva visualización de datos basada en más de un millón de observaciones satelitales captadas cada noche durante nueve años.

Una comparación lado a lado de la Tierra de noche, parcialmente envuelta en la oscuridad (izquierda) y brillando con las luces de la ciudad (derecha).
Izquierda: Vista de la Tierra del comandante del módulo de Apolo 11, el piloto Michael Collins, el 20 de julio de 1969. Derecha: Visualización de alta resolución creada a partir de datos de los sensores del Conjunto de radiómetros de imágenes en el infrarrojo visible (VIIRS).
NASA/Michala Garrison para el Observatorio de la Tierra de la NASA

Para explorar otros miles de fotografías, visualizaciones, videos y diagramas, compartidos por la NASA a lo largo de su historia, visita:

Se ha ajustado el recorte y el contraste de algunas imágenes de este artículo.

Por Sally Younger

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Detalles

Última actualización
Apr 22, 2026

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