



Desde junio de 2026, El Niño ha hecho su llegada oficial. Este fenómeno natural recurrente se caracteriza por temperaturas del agua más cálidas de lo normal en partes del Pacífico ecuatorial, junto con cambios en los patrones de circulación atmosférica y oceánica. Sus efectos regionales abarcan desde inundaciones en zonas desérticas y el retraso de los monzones, hasta cambios en las zonas donde es más probable que se formen ciclones tropicales.
El Centro de Predicción del Clima de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) prevé que el actual fenómeno de El Niño continuará intensificándose hasta finales de 2026, con un 97 por ciento de probabilidades de persistir hasta principios de la primavera de 2027 en el hemisferio norte. Incluso durante las etapas iniciales de El Niño, los satélites han detectado cambios característicos a lo largo del Pacífico ecuatorial, tales como temperaturas de la superficie del mar más cálidas de lo habitual y una elevación del nivel del mar superior a lo normal.
Entre los primeros efectos ecológicos derivados de estas condiciones se encuentran los cambios en la red trófica marina. Los mapas anteriores muestran concentraciones de clorofila a —el pigmento presente en la mayor parte del fitoplancton— según las observaciones del Instrumento de color del océano (OCI, por sus siglas en inglés) a bordo del satélite Plancton, Aerosoles, Nubes y Ecosistemas Oceánicos (PACE, por su acrónimo en inglés) de la NASA. En junio de 2025 (izquierda), las condiciones eran neutras, mientras que en junio de 2026 (derecha), El Niño se estaba intensificando.
La diferencia más notable se observa en el Pacífico central, cerca del ecuador y directamente al norte de Nueva Zelanda: las concentraciones de clorofila, un indicador de la abundancia de fitoplancton, son sustancialmente más bajas en 2026. Este cambio es de esperarse, dijeron Matthew Kehrli y Graham Trolley, oceanógrafos del Laboratorio de Ecología Oceánica del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA. Esto se debe a que durante un episodio de El Niño, los vientos alisios ecuatoriales del este se debilitan, la capa superficial cálida del océano se extiende a mayor profundidad y se inhibe el afloramiento de las aguas frías y ricas en nutrientes que normalmente impulsan el crecimiento del fitoplancton.
A medida que El Niño avanza, estos científicos prevén que las diferencias en el Pacífico central serán más pronunciadas. "Esto podría manifestarse como una mayor disparidad en los valores de toda la región actual, como una región cada vez más extensa de menor concentración superficial de clorofila a, o ambas cosas, dependiendo del comportamiento de los vientos alisios ecuatoriales”, dijeron.
La disminución del fitoplancton tiene efectos en cadena a lo largo de la red trófica marina, incluso en las regiones costeras. Hay menos alimento disponible para el zooplancton, así como para peces, aves marinas y mamíferos marinos. En el pasado, durante episodios de El Niño, las pesquerías de anchoas en Perú han experimentado drásticas disminuciones en las capturas, causadas de manera similar por el calentamiento de las aguas superficiales, un menor afloramiento y menos abundancia de fitoplancton. En 2026, el Ministerio de Producción de Perú suspendió la actividad pesquera en repetidas ocasiones para salvaguardar el principal recurso pesquero del país. Se ha observado a pelícanos adentrándose en puertos y zonas urbanas de Perú en busca de alimento.
Aunque las alteraciones en la vida marina pueden ser graves, es posible que se produzca un “rebote de clorofila” posterior a El Niño, caracterizado por concentraciones superiores a lo normal en el Pacífico ecuatorial. Las investigaciones sugieren que el transporte de mayores concentraciones de hierro en las corrientes oceánicas, así como el polvo proveniente de zonas terrestres más secas en partes de América Central y del Sur contribuyen a impulsar este resurgimiento, el cual es un repunte que no depende de la aparición posterior de La Niña. No obstante, La Niña —fenómeno que a menudo sucede tras los episodios de El Niño— también puede producir concentraciones elevadas de clorofila. De hecho, un intenso episodio de La Niña entre 1998 y 1999 desencadenó una gran proliferación de fitoplancton en el Pacífico oriental y un aumento dramático de las poblaciones de peces.
Los científicos disponen de nuevas herramientas para estudiar este tipo de variabilidad. La misión PACE fue puesta en servicio en febrero de 2024, lo que convierte a este en el primer episodio completo de El Niño para el cual el satélite recopilará mediciones hiperespectrales globales con una frecuencia casi diaria. “La comunidad científica podrá observar el fenómeno de El Niño de 2026 con datos que abarcan más longitudes de onda de luz que nunca”, dijeron Kehrli y Trolley.
Para comprender mejor sus efectos en la vida oceánica, los investigadores esperan utilizar los datos de PACE para evaluar las respuestas de comunidades específicas de fitoplancton ante El Niño. Además, las posibilidades van más allá del ámbito marino, señalan los científicos. Los sensores de PACE pueden medir la composición de pigmentos vegetales en los suelos, y las nubes y los aerosoles en la atmósfera; todos estos elementos se ven afectados por El Niño.
Imágenes del Observatorio de la Tierra de la NASA elaboradas por Michala Garrison, a partir de datos de la misión PACE procedentes del Centro de Archivo Activo Distribuido de Biología Oceánica de la NASA (OB.DAAC), y procesadas por Matthew Kehrli. Reportaje por Lindsey Doermann.
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