Publicado: 
08 de octubre de 2020

Yasmina Martos lleva una doble vida científica

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Yasmina Martos, que investiga la magnetosfera de Júpiter, posa en esta imagen con un moelo del planeta. Crédito de imagen: Cortesía de Y. Martos

¿En qué consta tu trabajo y qué es lo más interesante de tu rol en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA? 

Tengo como una “doble vida” científica: una en la Tierra y otra fuera de ella. En la Tierra me centro sobretodo en las zonas polares, en la Antártida -- llevo trabajando en ella muchos años y he seguido desde que empecé en la NASA, hace unos tres años. También trabajo en temas de magnetósfera (la región alrededor de un planeta que sirve como escudo contra las partículas del Sol), fundamentalmente la de Júpiter, con la misión JUNO. Lo que tienen ambas vidas científicas en común es que en ambos lugares estudio el campo magnético. En la Tierra, el campo magnético nos da ideas de sobre lo que hay bajo la superficie. En Júpiter, lo que hago por un lado es trabajar con los datos del instrumento del magnetómetro de JUNO y a su vez intento entender cómo es la interacción entre Júpiter y la Luna Io, ya que hay partículas que viajan entre los dos.

¿Cuál de tus dos vidas científicas te gusta más?

A veces la gente que me pregunta “¿Por qué estabas en una expedición en un barco perforando en la Antártida si trabajas para la NASA y en teoría la NASA trabaja en el espacio?” Pero es que la Tierra es un planeta del sistema solar igual que Júpiter. Lo que me gusta es entender nuestro cuerpo planetario en general. La Tierra es el primer planeta que los humanos han podido estudiar. Lo que aprendemos de aquí lo podemos aplicar a otros planetas o lunas o asteroides. 

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La Dra. Martos posa junto a huesos de ballena en la Isla Decepción en la Antártida. Crédito de imagen: Cortesía de Y. Martos

¿Qué mantiene a tu trabajo interesante?

Una de las cosas más interesantes, por ejemplo con JUNO, es que tú eres una de las primeras personas del planeta que ven datos de esa parte del universo y eso es un privilegio. Y cuando una hace expediciones, la Antártida es un sitio remoto: también es un privilegio poder ir y normalmente eres la primera o la segunda persona que ha estado en ese lugar. 

¿Qué fue lo que prendió la chispa? ¿Qué te inspiró a seguir estudios relacionados a lo que estás haciendo, dónde los hiciste y cómo terminaste en la NASA? 

Desde muy pequeña me ha fascinado el universo y entender dónde vivo: en la Tierra, en el sistema solar, en la galaxia y en el universo. Ha sido fundamentalmente por mi padre, que desde que yo era muy pequeña me enseñaba las estrellas o los satélites artificiales que pasaban. Siempre me estuvo alimentando esa curiosidad y desde pequeña quise estudiar astrofísica, pero finalmente acabé estudiando física y me dediqué a la física de la Tierra y ahora a la ciencia planetaria. 

Si pudieras hablar contigo misma a los cinco años de edad, ¿cómo le explicarías a esa niña lo que haces? 

Pues le diría que uso instrumentos para medir ciertas cosas que tenemos en la Tierra o en otro planeta, para determinar qué es lo que hay bajo la superficie. Y con esos datos, si puedo, calculo o estimo cuánto calor sale de la Tierra. Porque la Tierra desde que se formó está desprendiendo calor y entonces podemos calcular cuál es el calor que hay en cada parte de la superficie. Cuando ese calor está bajo un casquete polar, derrite su base. Todo esto tiene implicaciones en el nivel del mar y el cambio climático. También habría que decirle que la Tierra, el planeta en que vivimos, tiene una especie de escudo exterior que yo estudio, que nos protege del Sol y que algunos planetas también lo tienen. Y que sin ese escudo, aunque no lo veamos, no podríamos vivir. 

¿Cuál es el mayor reto al que te has enfrentado en tu trabajo? 

Uno de los mayores fue quizá con JUNO, porque JUNO está muy lejos, orbitando Júpiter. Tanto yo como mis compañeros analizamos datos que provienen directamente de su magnetómetro . A veces detectamos anomalías en los datos que nos indican que puede haber algo que no es lo que esperábamos recibir e indica que hay algún proceso físico que está afectando a los datos o al posicionamiento de JUNO y eso hay que entenderlo y corregirlo. Pero claro, tú no estás ahí físicamente para ver qué es lo que está ocurriendo y tienes que averiguar a partir de los datos que estás obteniendo qué es lo que le está pasando a la nave y a las medidas. Es muy complicado. Por ejemplo, el grupo ha detectado que cada vez que JUNO pasa cerca de Júpiter, la nave se ve afectada por el calor que desprende el planeta, que hace que se deforme un poco una parte del equipo. Esto afecta al posicionamiento de los datos en el espacio y es importante corregirlo. De este proceso físico inicialmente no tienes ni idea de que está ocurriendo. Cuando ves los datos hacer algo raro, sabes que hay algo que no funciona como debería, pero no sabes qué es y averiguarlo y explicarlo no es para nada sencillo. 

Si pudieras crear u organizar la misión ideal, ¿a dónde irías, cuándo irías, y con quién? 

Creo que una misión muy divertida y que nos ayudaría mucho a entender la evolución de cuerpos planetarios rocoso sería ir a las lunas Galileanas de Júpiter: a Io, Europa, Ganímedes y Calisto, que son diferentes entre sí, pero son rocosas... Io está lleno de volcanes y tiene un relieve muy alto también y está constantemente en erupción. Europa tiene una capa de hielo de en teoría de unos 20 kilómetros de espesor y más abajo un océano, la podemos llegar comparar con la Antártida, con el hielo y los lagos subglaciares. Algunas de estas lunas tienen también un campo magnético que está protegiéndolas. ¿Hay vida allí o no? Creo que una misión liderada por NASA, con un equipo también de colaboradores internacionales, sería un éxito. Es muy complicado, por supuesto, diseñar una misión que vaya a todos estos cuerpos planetarios, y sería genial si podemos lanzar un Rover a cada uno de estos cuerpos planetarios. 

De todas las expediciones que sé que has hecho, ¿cuál ha sido tu favorita y por qué? 

Esto es muy difícil de responder porque todas son especiales. Si uno va a la Antártida en un barco, es especial porque estás con una serie de personas 24 horas al día y no hay contacto con el exterior. Esas experiencias son muy buenas, tanto para conocerte a ti mismo como para aprender profesionalmente y conocer otras culturas, otras personas que al final acaban siendo tu familia. Se hacen amistades de larga duración, no solo para el barco. Me gusta mucho cuando voy a la Antártida y voy a tierra, donde puedo escuchar el silencio. Es el único lugar del planeta en el que he escuchado el silencio. 

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Yasmina Martos, trabajando en República Dominicana, instala una estación sísmica. Crédito de imagen: Cortesía de Y. Martos

¿Y otras expediciones? 

En República Dominicana, estuvimos mes y medio instalando estaciones sísmicas y ahí el trabajo en equipo también es muy importante. Es un reto trabajar en mitad de la selva y en muchas ocasiones tienes que pensar rápido alguna idea fuera de lo común para poder hacer tu trabajo. Un día tuve que pedir prestado un burro a una familia que me encontré en el campo, en mitad de la nada, ya que no podía acceder a los lugares de instalación con el vehículo 4x4 porque los caminos habían desaparecido debido a lluvias torrenciales. En estas experiencias conoces a gente del pueblo, gente del campo, que te ayuda en todo y son gente excepcional. Normalmente con lo que me quedo de todas las expediciones es con que la gente es maravillosa y la gente es buena. 

Escrito por Laura Ramos Lugo

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