Publicado: 
07 de febrero de 2022

La huella humana en el infierno del Pantanal

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​​2019 - 2020

Uno de los humedales de agua dulce más grandes del mundo, el Pantanal, se extiende a través de una llanura en forma de tazón donde confluyen Bolivia, Brasil y Paraguay. Casi todos los años, durante la temporada de lluvias, las crecidas desbordan varios ríos sudamericanos que se escurren hacia este vasto delta interior, llenando pantanos y marismas. La región es el hogar de miles de plantas y animales, incluyendo especies raras y en peligro de extinción como jaguares, guacamayos azules y nutrias gigantes de río.

Pero en 2019 y 2020, mientras la región era azotada por una sequía severa, esas refrescantes inundaciones nunca llegaron. En junio y julio, en cambio, los incendios sí lo hicieron. Ardían esporádicamente al principio, pero en agosto y septiembre, se propagaron con tal ferocidad que dejaron ennegrecidas vastas franjas del Pantanal. Los incendios cubrieron las ciudades cercanas y lejanas con un manto de humo. La quema fue severa en 2019, carbonizando aproximadamente 16.000 kilómetros cuadrados (6.200 millas cuadradas). Pero en 2020, la escala fue catastrófica, quemando un tercio de todo el bioma. Una notable extensión de 39.000 kilómetros cuadrados (15.000 millas cuadradas) —un área del tamaño de Suiza— se quemó en 2020.

Inmediatamente después de los incendios de 2020, la explicación simple para estos grandes incendios fue que el clima inusualmente seco y caluroso los había alimentado. Pero un nuevo estudio dirigido por científicos de la NASA sugiere que la actividad humana jugó un papel crítico en exacerbarlos. El estudio fue publicado en la revista Scientific Reports en enero de 2022.

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6 de septiembre de 2020

“Es cierto que el calor extremo y la sequía en 2020 empeoraron los incendios, pero esa no es toda la historia”, dijo Sujay Kumar, hidrólogo del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA. “También está claro, sobre la base de una serie de datos, que estos incendios no habrían ocurrido en ausencia de actividad humana. Incluso vimos un patrón de actividad muy específico de los incendios que sugiere que las personas permitieron o incluso alentaron que los incendios ardieran en las áreas boscosas”.

Junto con colegas de la Universidad Federal de Río de Janeiro, la Universidad de Cardiff y el Centro de Vuelo Espacial Marshall de la NASA, Kumar analizó los datos de la cubierta terrestre y el área quemada del Espectrorradiómetro de imágenes de resolución moderada (MODIS, por sus siglas en inglés), datos de la precipitación de la misión de Medición de la Precipitación Global (GPM, por sus siglas en inglés) y datos de la humedad del suelo del satélite Humedad del Suelo Activa Pasiva (SMAP, por sus siglas en inglés) de la NASA. El equipo también tomó en cuenta la densidad de las operaciones ganaderas.

“Con más del 52% de las áreas naturales quemadas en comparación con solo el 6% de las regiones con alta densidad de ganado, está claro que los paisajes naturales no dominados por los humanos fueron los más afectados por los incendios de 2020”, dijo el coautor del estudio Niels Andela, científico de teledetección de la Universidad de Cardiff. “La susceptibilidad de los paisajes naturales a la degradación provocada por los incendios ha sido una preocupación en todo el sur de la Amazonía durante años. Con esta investigación, estamos ofreciendo la primera evidencia a gran escala de que los mismos mecanismos pueden ser aplicables en los trópicos, incluso en el Pantanal”.

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27 de agosto de 2020 / 20 de febrero de 2000

Los investigadores también buscaron señales de que los incendios pudieran haber cambiado el ecosistema de manera duradera. Examinaron la hidrología de la región —la manera como fluye el agua a través del paisaje— utilizando un modelo de asimilación de datos llamado Sistema de Información de Suelos. Este sistema combina observaciones satelitales y terrestres con técnicas de modelado que caracterizan las condiciones de la superficie de los suelos.

“Varios meses después del incendio, vimos evidencia clara de una disminución de la evapotranspiración y más escorrentía superficial, tendencias que pueden desencadenar o acelerar la desertificación”, dijo el hidrólogo de la NASA Augusto Getirana, uno de los coautores del estudio. Los suelos chamuscados con menos vegetación pueden significar menos lluvia absorbida por las plantas, mayor escorrentía del agua y de los sedimentos del suelo hacia los arroyos, y menos intercambio de humedad con el aire. “Todo esto se suma y resulta en un aumento de la degradación de los suelos”.

Cambios como estos podrían ocasionar nuevos desafíos para la vida silvestre de la región, que ya ha sido duramente afectada por la quema y que podría tener que luchar para sobrevivir bajo las nuevas condiciones ambientales. Un grupo de biólogos que inspeccionaron el Pantanal poco después de los incendios estimó que es probable que hayan muerto al menos 17 millones de vertebrados, incluyendo millones de serpientes, roedores y aves.

Aunque se han establecido áreas protegidas y territorios indígenas para limitar el desarrollo en algunas partes del Pantanal, la huella humana en el paisaje es considerable y creciente. Otro estudio reciente estimó que la cantidad del Pantanal dedicada a la actividad agropecuaria —típicamente tierras de pastoreo para el ganado— ha aumentado en un 3,5% por año desde mediados de la década de 1980. Unos 3,8 millones de cabezas de ganado están ahora repartidos entre 3.000 granjas, según una estimación. Los ganaderos en el Pantanal usan regularmente los incendios para mantener las tierras de pastoreo y, a veces, para despejar áreas para establecer nuevos pastizales.

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20 de febrero de 2000 - 21 de febrero de 2021

La expansión de los pastizales es evidente en el par de imágenes de Landsat en colores naturales de arriba, que muestran parte de Mato Grosso del Sur cerca de Morrinho. Si bien el área tenía un desarrollo mínimo y era en su mayoría natural en 2000 (imagen izquierda), gran parte de ella se había convertido en pastizales para 2021 (imagen derecha). Las zonas despejadas para el pastoreo de ganado aparecen como rectángulos de color verde claro y marrón. El agua superficial es de color azul oscuro.

“Al igual que en otras partes de la cuenca del Amazonas, esencialmente estamos viendo un arco de deforestación y cambio de la cobertura terrestre que se extiende a lo largo del curso alto del río Paraguay”, dijo Renata Libonati, de la Universidad Federal de Río de Janeiro. “Hay poco que sea natural en estos incendios. Algunos probablemente fueron provocados intencionalmente para mantener pastizales en las haciendas o cerca de ellas. Otros fueron accidentales pero están asociados con actividades humanas: factores como fogatas, quema de basura, cables eléctricos, vehículos motorizados, la caza y la apicultura”. Los rayos a veces inician incendios en el Pantanal, pero estos incendios tienden a ser pequeños y en promedio causan solo el 5% del área total quemada. Además, los incendios provocados por rayos generalmente arden en el verano austral (de diciembre a febrero), no en el invierno (de junio a agosto).

A Libonati le parece preocupante el aumento en la invasión de tierras, combinado con el cambio climático y los incendios. “Sabemos que es probable que la combinación de olas de calor y sequía como la que vimos en 2020 se vuelvan más comunes en el futuro debido al cambio climático”, dijo Libonati. “Es obvio que vamos a necesitar estrategias de gestión a largo plazo para proteger el Pantanal de futuros focos de incendios como este”.

Imágenes del Observatorio de la Tierra de la NASA por Lauren Dauphin, utilizando datos de Kumar, Sujay, et ál. (2022) y datos de Landsat del Servicio Geológico de Estados Unidos. Reportaje por Adam Voiland.

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