Publicado: 
27 de octubre de 2016

La eliminación de sorpresas en la temporada de huracanes

La Era Espacial cambió todo eso. Los satélites que orbitan la Tierra pueden tomar imágenes, investigar y rastrear huracanes alertando así a los pronosticadores y a la población en general sobre las perspectivas de que se produzcan tormentas. En las décadas recientes, la introducción de súper computadoras y de modelos de las dinámicas de las tormentas basados en la física, combinados con los datos proporcionados por los satélites, instrumentos a bordo de aviones y datos de superficie, han impulsado la exactitud de los pronósticos que emite la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (National Oceanic and Atmospheric Administration o NOAA, por sus siglas en inglés) a un nuevo nivel de precisión.

Los pronosticadores han mejorado los sistemas para rastrear tormentas; sin embargo, hay un área de los pronósticos que ha quedado relegada: la predicción de la intensidad de las tormentas. En otras palabras, ¿cuán fuerte soplará el viento cuando un huracán toque tierra firme?

Scott Braun, un experto en huracanes en el Centro Goddard para Vuelos Espaciales (Goddard Space Flight Center, en idioma inglés), de la NASA, ubicado en Greenbelt, MD., afirma: “Desde 1990 hasta alrededor de 2010, no hubo mucho progreso en la exactitud de los pronósticos de la intensidad de los huracanes. En los últimos años, hemos comenzado a ver reducciones en los errores relacionados con los pronósticos de la intensidad de los huracanes. Esto se puede atribuir a una serie de factores, incluyendo mejores mediciones realizadas desde satélites y plataformas aéreas, mejoras en la física de los modelos numéricos de predicción del estado del tiempo y mejores métodos de conversión de los datos proporcionados por la NOAA y por la NASA en modelos que describan el estado de la atmósfera”.

Una parte importante de la predicción de la intensidad es ver qué está sucediendo en el interior de una tormenta. La evaporación del agua de la superficie cálida del océano le da potencia a los huracanes y hace que se intensifiquen. Las temperaturas más calientes de la superficie del mar en la base de una tormenta, como consecuencia, pueden cargar un huracán de más energía. Por otro lado, la cizalladura del viento puede destruir una tormenta, haciendo que se debilite.

Entonces, ¿cómo se recolectan datos desde el interior de una tormenta gigante?

Primero, se puede volar directo hacia ella. En los últimos años, la NASA ha enviado aviones de investigación directamente al interior de las tormentas, o por encima de ellas, como parte del experimento Génesis e Intensificación Rápida (Genesis and Rapid Intensification o GRIP, por sus  siglas en inglés) en 2010, y la misión Centinela de Huracanes y Tormentas Severas (Hurricane and Severe Storm Sentinel o HS3, en idioma inglés) que tuvo lugar desde el 2012 hasta el 2014. Estos aviones fueron enviados a investigar la formación y la intensificación de las tormentas. Aviones operativos, como el P-3s de la NOAA, y el C-130s de la Fuerza Aérea, son cazadores de huracanes y realizan misiones en el corazón de las tormentas con el fin de recolectar valiosos conjuntos de datos aerotransportados. Además, el programa de la NOAA denominado Detección de Peligros con Tecnología Operativa No Tripulada (Sensing Hazards with Operational Unmanned Technology, o SHOUT, por sus siglas en inglés) utiliza un avión Global Hawk no tripulado de la NASA para observar y predecir el clima oceánico de alto impacto.

Usted también puede obtener una vista desde los ojos en el espacio. El Observatorio de Medición de la Precipitación Global (Global Precipitation Measurement o GPM, por sus siglas en inglés), que es una misión conjunta entre la NASA y la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (Japan Aerospace Exploration Agency o JAXA, por sus siglas en inglés), y que fue lanzado en febrero del año 2014, transporta instrumentos que muestran la ubicación de las precipitaciones y su intensidad a resoluciones mayores que las que se lograban previamente.

Los dispositivos generadores de imágenes de microondas, como el que se encuentra a bordo del GPM, pueden mirar a través de las partes superiores de las nubes con el fin de observar dónde y cuánta precipitación se produce. Asimismo, el Radar de Precipitaciones de Doble Frecuencia del GPM proporciona una vista tridimensional de la estructura de la precipitación.

Dalia Kirschbaum, una científica adjunta del proyecto GPM, afirma: “Las imágenes que brinda el GPM y sensores similares se publican en el Internet en tiempo casi real, de modo que los pronosticadores pueden ver los datos más recientes inmediatamente”.

Una próxima misión de la NASA busca mejorar más la predicción de la intensidad de las tormentas. El lanzamiento del Sistema Satelital de Navegación Global Ciclón (Cyclone Global Navigation Satellite System o CYGNSS, por su siglas en inglés) fue lanzado en Diciembre del 2016. Los ocho micro-satélites del CYGNSS utilizarán las señales del Sistema de Posicionamiento Global (Global Positioning System o GPS, por sus siglas en inglés) para realizar mediciones del viento en la superficie del océano. Las señales directas emitidas por el GPS ubicarán la posición del observatorio CYGNSS, mientras que las señales de GPS que se reflejan desde la superficie del océano indicarán la velocidad del viento tomando como base cuánto azota el viento la superficie del océano (cuanto más fuertes son los vientos, más irregular es la superficie del océano).

Además, el CYGNSS podrá medir el viento en regiones de lluvia fuerte dentro de las tormentas, donde los sensores de viento de satelites actuales tienen problemas, y proporcionará observaciones mucho más frecuentes que las mediciones que se producen con los sensores de la actualidad, que solo realizan mediciones una o dos veces al día.

Satélites que orbitan la Tierra: ayudando a eliminar las sorpresas de la temporada de huracanes desde la década de 1960.

Para obtener más información sobre la temporada de huracanes con detalles cada vez más precisos, visite: ciencia.nasa.gov.