Publicado: 
06 de septiembre de 2019

Estancamiento devastador del huracán Dorian

Cuando Dorian se formó en el Océano Atlántico durante la última semana de agosto de 2019, la dirección de los vientos empujó la tormenta a un ritmo respetable, cerca de las 10-15 millas por hora (16-24 kilómetros por hora). Así, cuando el huracán pasó entre Puerto Rico y las Islas Vírgenes de los Estados Unidos, el daño de la tormenta ocasionado por la lluvia y el viento fue modesto, explicó Marangelly Cordero-Fuentes, científica atmosférica de la NASA. Pero a medida que la tormenta se acercó a las Bahamas, su avance se ralentizó a un ritmo atroz.

Esto causó un escenario de pesadilla. El segundo huracán atlántico más fuerte en los registros meteorológicos modernos se estancó en Gran Bahama, la isla más septentrional de la Mancomunidad de las Bahamas. A finales del 1 de septiembre y principios del 2 de septiembre, Dorian se estaba desplazando a pocas millas por hora y soplaba vientos máximos sostenidos de hasta 185 mph (295 km/h). Dorian estaba "estacionario", informó el Centro Nacional de Huracanes. Durante un récord de 40 horas consecutivas, la tormenta se cernió la pequeña isla, azotándola con lluvias, oleaje y vientos extremos.

Cuando Dorian finalmente comenzó a desplazarse hacia el norte, dejó una estela de daños catastróficos en las Bahamas. Las evaluaciones preliminares indican que casi el 70 por ciento de los hogares estuvieron bajo el agua en algún momento. La Cruz Roja informó que aproximadamente 13.000 casas fueron destruidas o severamente dañadas.

"Una tormenta estacionaria significa más lluvia extrema, más vientos extremos y más daño extremo", explicó Timothy Hall, científico del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA. "El estancamiento sobre un área poblada es lo último que deseas ver que haga un huracán".

En la animación superior, se combinan datos de acumulación de precipitación y de velocidad del viento, que permiten observar el comportamiento único de Dorian.  Observa cómo la tasa de precipitación se elevó bruscamente mientras la tormenta se ralentizaba entre el 2 y 3 de septiembre de 2019. Para el 4 de septiembre, los satélites estimaron que la extraordinaria cantidad de 60 pulgadas (150 centímetros) de lluvia cayó sobre algunas zonas de Gran Bahama.

Los datos de precipitaciones provienen del Sistema multi satelital de recuperación integrada para medición de precipitaciones (IMERG por sus siglas en inglés); gran parte de ellos son recopilados por el satélite de Mediciones de Precipitación Mundial (GPM por sus siglas en inglés). Los datos del viento provienen del Modelo Goddard de Sistema de Observación de la Tierra (GEOS por sus siglas en inglés), un modelo meteorológico experimental que los científicos de la NASA utilizan para analizar fenómenos atmosféricos globales.

El modelo GEOS colecta datos eólicos de más de 30 fuentes, incluyendo: naves, boyas, radiosondas, sondas de caída, aviones y satélites.

La fotografía y el video a continuación fueron tomados el 2 de septiembre de 2019 por astronautas en la Estación Espacial Internacional.

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Las probabilidades de que una tormenta se vuelva estacionaria parecen estar incrementándose para los huracanes en el Atlántico Norte. Timothy Hall publicó recientemente un estudio junto con James Kossin, científico atmosférico de la agencia de Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA por sus siglas en inglés), informando que en las últimas siete décadas las tormentas se han estado ralentizando y estancado cada vez más. De las 66 tormentas estacionarias registradas en la cuenca del Atlántico Norte entre los años 1944-2017, casi dos tercios lo hicieron en los últimos 25 años.

Hall ve el cambio climático como un posible impulsor de esta tendencia, aunque advierte que la conexión entre el clima y el estancamiento no es tan definitiva en comparación a la evidencia de que el cambio climático está alterando las tormentas de otras formas. Por ejemplo, hay más evidencia que sustenta que el cambio climático está generando huracanes más fuertes con capacidad de producir más lluvia.

"Me alegra que la gente esté hablando del estancamiento como una característica adicional en los peligros de los ciclones tropicales", declaró Hall a la revista Science News. "La categoría es importante, pero no representa completamente el peligro total de una tormenta. Hay otros factores como el tamaño físico de la tormenta, la forma cómo se mueve y el ángulo en el que impacta a la costa, todo el conjunto tiene un efecto en las marejadas ciclónicas e inundaciones."

Tras inundar las Bahamas, Dorian se ha trasladado al norte y ahora parece estar listo para moverse a lo largo de las costas de Florida, Georgia, Carolina del Sur, Carolina del Norte y Virginia. Mientras que los pronosticadores estiman que el ojo de la tormenta permanecerá en alta mar, todavía producirá tormentas peligrosas, viento y lluvia en todos esos estados.

 

Animación superior creada por Joshua Stevens del Observatorio de la Tierra de la NASA, utilizando datos de IMERG de la Misión de Precipitación Mundial (GPM) y datos del GEOS-5 de la Oficina Mundial de Modelado y Asimilación (GMAO por sus siglas en inglés) del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA.

Escrito por Adam Voiland, Observatorio de la Tierra de la NASA.

Versión en inglés.