Un Día en la Vida de un Caminante del Espacio
Un Día en la Vida de un Caminante del Espacio
El astronauta y explorador Jim Reilly nos cuenta
cómo es el trabajo de construcción en el insólito
ambiente espacial.

4 de
octubre, 2001: Jim Reilly, astronauta: "Uno de mis recuerdos
favoritos es colgarme de la estación espacial con una
sola mano, y columpiarme hacia delante para poder ver la Tierra.
La atmósfera es realmente transparente, de modo que puedes
ver muchos detalles de la superficie. En una ocasión tuve
la oportunidad de colgarme del fondo de la estación cuando
el
atardecer estaba por caer. Dejé las luces apagadas
para poder ver la puesta de Sol. Y conforme este descendía,
las estrellas comenzaron a aparecer. Por supuesto, no titilan.
Son todas de distintos tamaños y aún de distintos
colores en el espacio... De noche puedes ver los relámpagos
de las tormentas sobre la superficie. A veces se observa una
luz azul destellando y en esta oportunidad pude verla justo abajo
de la estación. Y mientras veía todo esto, volamos
por las orillas de una aurora, una especie de cortina blanca
y verde. Fué bastante espectacular", añadió
con un cierto aire de modestia.
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Sin embargo, los astronautas que suelen caminar en el espacio como Reilly no pueden darse el lujo de dejarse hechizar por las estrellas. Ellos realizan un trabajo peligroso que requiere de mucha concentración. Flotando a una altura de trescientos kilómetros, donde un movimiento en falso podría enviarlos volando hacia el vacío, los astronautas de hoy en día conectan cables de energía, despliegan antenas y cargan provisiones. Hacen también mantenimiento de satélites y atornillan módulos a la estación espacial. Son trabajadores de la construcción, anota el ingeniero Phil West, de la NASA.
En la Tierra, la mayoría de los trabajadores de la construcción no necesitan mucho más que un casco para protegerse. Pueden mover sus brazos hacia donde lo deseen, y si se les cae algo, no se aleja flotando.
En el espacio todo es diferente.
Según lo recuerda Reilly, de lo que él era siempre más consciente era de la necesidad de moverse lentamente. Los astronautas entrenan en el agua, explica Reilly, quien ha volado en dos misiones, y el verano pasado instaló una cámara estanca en la Estación Espacial Internacional (EEI). Este entrenamiento sirve para adaptar a los astronautas a la ausencia de peso. Pero el agua no es lo mismo que el espacio. A diferencia del vacío, el agua es densa; devuelve el empuje. "El agua ayuda a amortiguar tus movimientos", dice Reilly. "En el agua puedes hacer cosas que si las hicieras en el espacio, perderías el control."

Arriba: En órbita a cientos de kilómetros sobre la Tierra, el Trasbordador Espacial a veces navega a través de espectaculares auroras. Los astronautas a bordo del Trasbordador Espacial Discovery tomaron esta imagen en 1991. [más información]
Si le das vueltas a un tornillo, por ejemplo, debes recordar que no hay agua para sostenerte, y que puedes acabar empujándote a ti mismo hacia atrás, si no pones atención. "Aprendes", dice, "a detenerte, y quedarte quieto, sin mantener impulso. Entonces, puedes hacer lo que tengas que hacer". Siempre tienes que pensar, dice, ¿tendré que hacer esta tarea un poco más despacio?
La ausencia de peso, sin embargo, no es lo único que los astronautas tiemen que enfrentar. El mismo traje espacial obliga a los astronautas a dejar atrás algunos hábitos comunes. El traje está presurizado a 4.3 psi (libras por pulgada cuadrada). Esto es menos de un tercio de la presión atmosférica en la Tierra a nivel del mar (unos 14.7 psi). La presión atmosférica afuera de un avión que vuela a 20,000 metros de altura es cercana a los 4.3 psi. También es comparable a la presión extra que mantiene a una pelota de fútbol inflada, dice Reilly. Y, como en el caso de la pelota, el traje espacial es difícil de doblar.
Para hacer más fáciles los movimientos de los
astronautas, los ingenieros diseñan los trajes por articulaciones:
codos, hombros, rodillas. Pero estas articulaciones ofrecen solamente
un alcance limitado de movimientos.
Esto significa,
explica Reilly, que en el espacio solo puedes trabajar en un
área de aproximadamente un metro por un metro por 30 cm
enfrente tuyo. Lleva un poco de tiempo acostumbrarse. "Cuando
comienzas tu entrenamiento, tienes que pensar en las distintas
maneras en las que debes maniobrar para adoptar distintas posiciones",
dice Reilly. "Hay ciertos [movimientos] que no deberías
intentar, porque estarías haciendo trabajo en oposición
al propósito del traje".
Supongamos, por ejemplo que quieres alcanzar un objeto que se encuentra hacia un lado. No puedes simplemente estirarte para alcanzarlo como lo harías en la Tierra. La articulación del hombro rota del frente hacia atrás -- no de lado a lado. Podrías tal vez mover tu brazo hacia un lado doblando el brazo inflado del traje. No es imposible, hace notar Reilly, pero si requiere de un cierto esfuerzo. Es más fácil rotar tu cuerpo hasta estar frente al objeto y lo puedas alcanzar, entonces, moviendo tu brazo hacia adelante.
Arriba : Los brazos inflados y los guantes voluminosos de un traje espacial hacen que ciertos movimientos -- como estirar los brazos hacia un lado o agarrar objetos pequeños -- resulten difíciles e incómodos.
Los guantes, dice Reilly, son un lugar donde la presión es especialmente acentuada. Están diseñados de tal modo que haya poca resistencia cuando tu mano esté en reposo, pero como resultado, al abrir la mano tienes que empujar contra la resistencia del guante. Para entender el esfuerzo que se requiere, Reilly sugiere hacer el siguiente ejercicio: cierre su mano, ponga una banda de goma alrededor de sus dedos, abra entonces su mano quince veces extendiéndola tanto como pueda. La tensión en los músculos de su antebrazo, dice, es exactamente la misma que en el espacio.
Y hay algo más, por supuesto. No puedes silbar en un traje espacial, porque la presión del aire es demasiado baja. Las herramientas deben ser dos o tres veces más grandes de lo normal debido a que los guantes son demasiado abultados. Puedes escuchar constantemente el silbido del ventilador que recicla el aire dentro del traje. Pero te acostumbras.
El traje acaba por parecerte bastante cómodo, dice
Reilly, y usarlo se convierte en algo natural.
Derecha:El astronauta Jim Reilly, especialista de misión, está retratado aquí en el Centro Espacial Johnson (Johnson Space Center) en febrero del 2001.
"Mientras nos preparábamos para nuestra primera caminata espacial, Yuri Usachev, quien era comandante de la Expedición Dos [en la EEI], pasó por allí. Estábamos conversando sobre el uso del traje, y las cosas que requerían un cuidado especial. Sólo quería asegurarse de que estábamos conscientes de los muchos peligros que se pueden encontrar fuera de la estación. Y vaya que los hay. Siempre estuvimos conscientes de ello. Pero añadió algo al final: 'A pesar de todo esto, cuando estés trabajando, siempre asegúrate de tomar un par de segundos para voltear hacia arriba de vez en cuando, y echar un vistazo a los alrededores.'
"Ese fué el mejor consejo que me dió", dice Reilly. "Por que de vez en cuando, sólo por unos 10 segundos, me detenía a mirar alrededor, quería saber sobre qué parte de nuestro planeta me encontraba, y miraba hacia el horizonte... era un verdadero placer hacer ese trabajo. Espero tener la oportunidad de hacerlo otra vez".
James F. Reilly, II (Ph.D.) -- Datos biográficos de Jim Reilly del Centro Espacial Johnson.
Hasta las Casas en el Espacio Necesitan Puertas -- (Artículo de Science@NASA en inglés) Jim Reilly fué un caminante espacial en la misión STS-104 del Trasbordador Espacial, la cual trasportó el módulo de ce compuerta de aire Quest a la Estación Espacial Internacional (EEI).
Un atardecer en el espacio -- Los astronautas de la misión STS-104 de Reilly, captaron este atardecer insólito en Julio del 2001.
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FIN
| Créditos y Contactos Autor: Karen Miller Funcionario Responsable de NASA: John M. Horack Editor de Producción: Dr. Tony Phillips | Curador: Bryan Walls Relaciones con los medios: Steve Roy Traducción al Español: Carlos Román Edición en Español: Gonzalo Estavillo |
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