|
Misión de Arqueología |
![]() |
|
"Si estoy en lo cierto debe tener unos mil años de antigüedad, ", replicó el arqueólogo. "¿Entrará en el compartimiento de carga? Captúrela. Quiero echarle un vistazo". El aire tembló y la nave se materializó, suspendida en medio del aire. Era un cilindro cerrado, de aproximadamente el tamaño de una persona, con alas que se extendían unos 10 metros de punta a punta. "Un primitivo arreglo solar", asintió. Las paredes de la nave estaban ennegrecidas por la larga exposición a la radiación espacial. Había una gran abolladura, como si la nave se hubiera acercado demasiado a un cometa activo, y montones de pequeñas hendiduras, el producto de un millar de años de impactos de micrometeoroides. ¡Una genuina nave de la Temprana Edad Espacial! Notó luego un lugar abultado en el aislamiento, y un compartimiento. Algo había adentro. Extendió su mano y sacó un disco compacto. Garabateadas sobre él con un marcador, estaban las palabras: Deep Space 1 (Espacio Profundo 1).
Derecha: El director del proyecto Espacio Profundo 1, Marc Rayman. En el próximo milenio, dice, los estudiantes de primaria podrán enviar sondas hacia otras estrellas como sus proyectos de ferias científicas escolares. En una era tan avanzada, "los arqueólogos estarán muy interesados en saber cómo resolvíamos nuestros problemas de ingeniería a fines del siglo XX". Y resolver problemas es precisamente el objetivo de Deep Space 1. Su misión, patrocinada por el programa Nuevo Milenio de la NASA, fue la comprobación de doce tecnologías avanzadas. Entre ellas: un motor iónico experimental, un arreglo de paneles solares que enfocan la luz solar para captar más energía, y un autopiloto con inteligencia artificial. "Existía una alta posibilidad de que la DS1 no funcionara en absoluto; había tantos sistemas no probados a bordo", recuerda Rayman. Sin embargo, las doce tecnologías funcionaron. Trabajaron tan bien, de hecho, que, sin reparos, la NASA aprobó una extensión de la misión, sobre la que Rayman y sus colegas habían soñado aún antes de que DS1 saliera de la Tierra: una visita a un cometa. En septiembre de 2001, con sus exámenes tecnológicos completos y nada que perder, DS1 se lanzó en picada a través del núcleo (que se estaba evaporando furiosamente) del cometa Borrelly. "Pensamos que la nave podría ser pulverizada", recuerda Rayman, pero una vez más DS1 desafió los pronósticos. Capturó la mejor vista que jamás se haya obtenido del corazón de un cometa y emergió intacta.
Luego del encuentro con el cometa, el equipo del DS1 realizó varios exámenes tecnológicos más (la misión era ya "hiper-extendida", dice Rayman). Pero el tiempo se estaba acabando. En diciembre de 2001, DS1 había estado operando tres veces más de lo que originalmente se había planeado, y su provisión de hidracina, un gas impulsor utilizado para mantener el equipo solar apuntando al sol, estaba casi exhausta. Los controladores no tenían ninguna otra elección que la de desactivar la astronave. La misión había terminado. ¿O no? "Pienso en ello como si fuera el comienzo... de la misión de arqueología", ríe Rayman. "DS1 gira todavía alrededor del sol, en una órbita aproximadamente circular entre la Tierra y Marte; perfecto para una cápsula de tiempo". La mayoría de las sondas interplanetarias jamás serán recuperadas. Las astronaves Voyager, por ejemplo, fueron lanzadas hacia afuera del sistema solar tras sus encuentros con Júpiter y Saturno. Lo mismo sucederá con las Pioneer 10 y 11. Galileo se estrellará contra Júpiter el próximo año: un movimiento deliberado diseñado para proteger la posible vida en Europa, la luna de Júpiter, de la contaminación terrestre. Y los orbitadores marcianos Viking 1 y 2 se desintegrarán eventualmente en la atmósfera de ese planeta.
"Los encuentros gravitacionales con Marte y la Tierra, que occuren cada pocos años, y el suave empuje de la luz solar actuarán para modificar la órbita a lo largo del tiempo, pero no mucho", dice Jon Giorgini del grupo de dinámica solar del JPL. "Utilizando un modelo simple de presión de radiación solar, integré la órbita hasta el año 3002. La excentricidad de la órbita, su distancia de perihelio y su inclinación serán entonces aproximadamente iguales a lo que son ahora". "No puedo predecir, sin embargo, de qué lado del sol estará la nave en el año 3002, así que los arqueólogos tendrán que buscar un poco". Justo lo suficiente, para aumentar la emoción del descubrimiento. ¿Y cuando sea encontrada?. "Pienso que irá directamente al Museo Smithsoniano", predice Rayman. "La única pregunta real es ésta: ¿El museo Smithsoniano en la Tierra... o el de Marte?". Nota del Editor: No existe, por supuesto, una Misión de Arqueología Deep Space 1 oficial. Sencillamente ocurre que DS1 está en buena posición para que algún arqueólogo del futuro la recoja. ¿Por qué 1000 años a partir de ahora? Parecía apropiado, ya que DS1 está patrocinado por el Programa Nuevo Milenio.
| ||||||||||